INSTINTO ANIMAL
Campos de visión
toda maleza con intento arrasan,
en el devenir de un tiempo,
que, en el oscuro llanto, todavía labran.
Lágrimas deslizan por el torrente;
mis pómulos, rojizos,
inundan un cauce de tristeza.
Tendida, con los párpados perdidos
la silueta de una presencia
asalta mis sentidos;
Me aposento,
más mis dedos no pueden nada acariciar.
Un portento cánido,
soberbio a mi encuentro
viene a mostrar su amar;
grandullón y regio,
su reclamo pretende dar a demostrar,
ese cariño penetrante y efusivo,
que nunca nadie,
de su corazón podrá arrebatar.
Noto como mi piel escamosa
difuminada se vuelve;
lágrimas de contento contraste resbalan;
arrojan hacia el pasado
todo amargo lastre.
Mi preciado compañero de juegos
esa mano amiga, del alma venidero
dispuesto a fidelizar
su más sincero propósito:
su hocico mueve;
sus patas saltean;
ojos de plata ahuecados;
cola incendiada de anhelo;
orejas erectas atienden
mi más primario consuelo;
ese paliducho duelo
entre confianza y recelo.
Un destino en mi puño
de explorar pendiente,
por un recorrido camino
que, hacia el destierro,
mi cuerpo levitaba antes casi inerte.
Sombras ya despejadas
de nubarrones de grisáceo color;
faz soleada resalta
las más gallarda mascota;
y una deuda saldada presume
de un recíproco y bienaventurado amor,
que, en conserva,
su llama mantiene.
Ocular torrente
de simpatía compartida,
de compenetrada sintonía,
los ojos tornan paulatinamente
hacia ese foco canino,
que, frente a mi mundo,
fulgura incesante
radiante y divino.
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