CASTILLOS DE ARENA
Oigo voces,
¿idílicas o reales?
Quizás solo en la magia residan.
Un patio circunvala
un cuerpo escuálido;
gritos de urgencia resuenan
en la ingravidez
de un ocio palpitante.
Jardines me acogen,
me siento desamparada;
escenario de alerta
donde sueño despierta.
Niños descarados,
lodo viscoso entre mis manos;
las manchas florecen
como huellas
de un juego olvidado.
Sigo inmóvil;
mis ojos aprecian torres de arcilla
como espacios carcelarios
que mi vida sentencian.
La ignorancia de mi niñez
presagia horizontes de borrasca;
nubarrones desploman llanto
sobre mis pómulos
de infinita resaca.
La amistad escasea;
imágenes difuminadas
que nunca se ausentan
y a mi compungida alma alimentan.
Quizás sí sueñe despierta:
que los castillos de arena
me adopten
en un lugar de fábula.
Quizás cercados infantiles
diluyan esas voces primerizas
que, en pleno apogeo,
desfilan por mi caserón mental:
en aparente delirio,
arrogantes y enfermizas.
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