CUERPOS FRÁGILES
Tommy
piensa que no es posible que bajo tierra haya un torrente de agua
suficientemente profundo, ya que los roedores son seres terrestres y no permanecerían
íntegros. Majestad el Rey, por fin, describe el escenario que van a pisar Tommy
y Blackie, a pesar de haber intentado llegar a un consenso juicioso. El
ejército y las personalidades que lo militan tienen creada una institución
penitenciaria comprendida por celdas de una capacidad nimia. Dentro de cada una
de ellas no existen cómodas de reposo. Son como jaulas en que residirán
provisionalmente antes de ocupar el corredor de la muerte: un patíbulo con una
olla a presión de unos dos metros de profundidad, accionada por una palanca,
desde la cual las víctimas accederán al caldero para ser abrasadas y, después,
ingeridas por los roedores. La palanca se encuentra sujeta por una plataforma
de madera parecida a un minúsculo trampolín en el que ellos deberán saltar al
recipiente de inducción eléctrica. ¿Pero cómo estas bestias, aparentemente
incapaces de ingeniárselas para contraatacar, tienen prácticamente una mazmorra
bajo tierra en la que todos los visitantes podrán tener un final tan traumático
como ellos cada vez que han sido objeto de inspección y chequeo clínicos? Y con
una cinta magnética que el Rey indica a los pajes que dejen desplegar, ésta se
extiende hasta la entrada de la casa de Tommy. La puerta queda traspasada con
un despedazamiento de cristales que, abatidos, golpean contra un suelo de
baldosas que gimotean con fuerza, como si fueran animales apaleados.
Blackie
intenta gritar, pero no puede. Su voz no deja vibrar fonemas sonoros ni puede
utilizar su cuerpo como un proyector reactivo para paralizar un destino que se
avecina con un desenlace trágico. Tommy, palpitando su corazón con frenetismo,
se comunica silenciosamente con su mascota y le pide que utilice el cuerpo como
una ametralladora para disparar balazos sin interrupción y desangrar a los
responsables de emprender la planificada trampa mortal. Blackie sabe que su
cuerpo tiene un campo atómico de electrones muy parecido al de un generador
que, mediante una descarga hipersincrónica, puede dirigirlos con una reacción
negativa hacia los roedores y extinguir la plaga. El grave inconveniente es que
se ha desprendido del catalizador que puede poner en marcha todo el engranaje
corporal. El cuerpo del gatito ha quedado rendido, agotado por un hastío
impropio. Todo él está flaqueando por un coraje que no consigue apropiar. Tommy
sabe cuál es el punto débil del gatito: la voluntad y la osadía. Pero ¿Cómo
prestárselas? Tommy no las posee, al menos no para poder realizar un ataque
masivo. Él es un niño que se ha criado en un círculo familiar normalizado,
moderado en el que nunca hasta el día de hoy, sin la aparición de Blackie,
había sido testigo de un evento excepcional, en el que el orden natural de la
materia viva pudiera adulterarse...
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