EL FRESCOR DEL AGUA
Ando hacia un río
descalza y sedienta;
mi empeine se alza,
mi cara reluce
serena y contenta.
Visitas a poblados
hermosura irradian;
animales selváticos
su gallardía contagian.
Mi alma se enciende,
arde en mi corazón una espita,
retorno a mi infancia:
una experiencia infinita.
De niña, los prados alumbraba,
la lluvia me bendecía
canciones lejanas entonaba;
en la alcoba
los sueños me embebía.
Mis poros regados
por un arroyo caudaloso;
mi cabeza asoma
y un espejo refleja
mi semblante jovial,
mi cuerpo rollizo,
el espíritu que colorea
un agua cristalina,
de tintura malva,
con un soberbio reflejo cobrizo.
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