EL TRIUNFO PERDIDO
Él concentra toda su
atención hacia la parálisis de una llave que funciona como límite fronterizo
entre los combatientes. El chip está procesando datos que se anticipan en el
tiempo. Ve imágenes, en las que la esperanza de un Dios mortal aplastado por la
fuerza benigna de la Diosa de la Naturaleza y el Universo no diluye ni mucho
menos queda extinguida en llamas. Pero el incendiado repudio que sienten Ares y
Tánatos es descomunal. La guerra y la muerte podrían suponer, en apariencia,
una alianza pero, en dicho caso, son armas de doble filo. Se rechazan con total
pasión y quieren realizar su cometido expresado por una lucha de arma blanca
para demostrar que la muerte no llega a su destino sin antes la proclamación de
una guerra, conflicto o pleito. La guerra por conseguir la Independencia en
Estados Unidos era inconcebible sin, precedentemente, la colonización de
Inglaterra, Francia, Alemania y España. Todos los desencadenantes que han
traído el despertar de nuevos horizontes han supuesto una muerte prevalente.
Territorios nacionales representados por países enfrentados han tenido su
reconocimiento, gracias a la previa intención de ser desnudados de la total
potestad gubernamental. Una batalla campal ha hecho que se sintieran despojados
de un dominio, según los aspirantes a dirigirlo, totalmente merecido. Nueva
Maryland, en este caso, es víctima de un caos que no ha hecho más que empezar.
Además, la consolidación de dos Dioses que rivalizan por transformar una
estructura de base, en la que Venus presagiaba el retorno de un Edén malogrado,
se encuentra en una fase en que la marcha atrás no existe.
Blackie sigue viendo
la llave con una inmutada nulidad. Las espadas se ponen en posición de ser
golpeadas por las dos Deidades. Ares reniega de Tánatos, ya que sabe de
antemano que quiere terminar con el imperio o batallón creados. Pero el encargo
de Venus está remitido a través de un intermediario, Blackie, hijo de la Tierra
y el Cielo, que va a probar por todos los medios acabar con las dos
personalidades del infierno más temible...
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