viernes, 15 de mayo de 2026

TÍMIDO FULGOR




 TÍMIDO FULGOR


Mientras tanto, el Rey del ejército de roedores de Nueva Maryland descubre el forzado de dos puertas que suponían el encarcelamiento de Blackie y Tommy. Furioso, casi salido de su asombro se pone en contacto con el Consejo Superior de Vigilancia. Los dos guardianes de la planta debían haber controlado la fuga de los presos tan inexplicable. El guardia de seguridad no sabe qué responder:

–No lo entiendo. Las rejas estaban blindadas y sólo podían tener acceso a la abertura con un código de seguridad que estaba habilitado por el puesto de control informático, en el que únicamente las cámaras pueden ver la salida de cualquier penitenciario.

–Entonces, ¿Cómo se explica esto? ¡Maldita sea Dios! Hemos perdido una pista crucial para acabar con el felino que tiene el comando para seguir con la cadena de reproducción de entes de la fauna salvaje, entes galantes y repulsivamente superiores en fuerza para aplicar el proceso predatorio.

 –No perdamos el norte –dice el vigilante roedor joven –tiene que haber una manera de encontrar su posada.

 –Ninguna, no hay ninguna –dice el Rey –Nueva Maryland no tiene estructura territorial. Se ha extinguido por una explosión masiva. La única explicación que puede tener cabida es que hayan emigrado. Seguramente, están a varias millas de Canadá.

 –Puede, pero debemos asegurarnos de que no hayan revelado nuestras intenciones. El gato es muy cobarde pero astuto. Quizás haya hallado coraje suficiente para trepar hasta llegar a un área protegida –comenta el guardián mayor.

El Rey está prácticamente sulfurado. Un radiotransmisor que lleva conectado en la parte del pecho con audífonos para contactar con la central policial es utilizado. Por mala suerte, él tiene dificultades para activar la sintonización, ya que parece que la terminal no está disponible.

–¿Alguien puede oírme? ¿Dónde os encontráis? El Jefe de Comisaria debería recoger las llamadas salientes y tenerlas almacenadas en el servidor que pueda hacer posible una conexión a distancia –se queja el Rey.

Repite la jugada de nuevo. Casi sin esperarlo, después de pulsar varias veces el botón de encendido y el propulsor que sirve para desviar llamadas, una voz muy entrecortada contesta:

–¿Con quién hablo? –dice el roedor que encabeza el Ministerio de Justicia.

 –Necesito que me contacte con dos agentes –el Rey responde –es una situación urgente, de vida o muerte.

–Los agentes están decididos a dimitir en funciones. Alegan que el mocoso y su mascota han huido por algún motivo que sobrepasa la razón.

 –¿Quée? –vocifera el Rey –no pueden declararse inactivos ni estar en huelga permanente en el cargo que yo les asigné. Son mi escolta, la representación máxima de autoridad para agotar todas las supuestas probabilidades de escape de dos presos para hacernos con el condado.

 –Majestad, necesito que me autorice una orden de búsqueda y captura por distintas localidades del país. El problema se prolonga por el mero hecho de que necesitamos un localizador que esté programado digitalmente para que pueda leer las millas en distancia real. En caso contrario, no hay forma de rastrear los movimientos de los prófugos.

 –Por supuesto que la autorizo. Es más, exijo de inmediato que el Departamento Policial se incorpore de nuevo para que la misión se vea totalmente realizada. Ahora no pueden abandonar.

 –Está bien. No perdamos los estribos. La situación es compleja porque muy seguro el felino se ha servido de los poderes otorgados por Urano para hacer un recorrido difícil de seguir en un entorno terrestre.

 –Haga lo que quiera –contesta el Rey –usted es la máxima fuerza que sigue un ordenamiento judicial normalmente protocolario. Pero ahora el protocolo debe ser quebrantado. No podemos acatar con las normas, ya que ellos han roto todos los esquemas de convencionalidad para desaparecer inminentemente sin ser vistos a través de nuestra oficina computarizada.

 –El plazo de estancia en la cárcel se ha agotado –responde el juez –yo apliqué una sentencia para que fuesen raptados, detenidos y puestos en prisión provisional hasta ser definitivamente liquidados y han burlado un sistema, de antemano, muy bien implantado.

–Un momento –señala Majestad el Rey –el director de este penitenciario es el Alcaide. Él debe encargarse de perseguir a los fugitivos con un proceso de investigación llevado a cabo. ¿Y dónde se encuentra? Hace unos días que no acude a las reuniones de nuestro Consejo Superior de Justicia, no participa ni comparece frente a ninguna incidencia que afecta el servicio que ofrecemos a los retenidos. Debería estar aquí y acompañarnos en este enredona. Están brollando muchos enigmas que hacen que me estremezca de enojo y exasperación.

El Alcaide, por su parte, está a punto de presenciar el combate letal entre dos fuerzas endemoniadas. Las espadas adoptan una forma secante. Parece que se cruzan dibujando con el puntero una especie de constelación estelar. El Rey Midas sabe que está presenciando una lucha, en el fondo, bautizada por Urano, su instructor.

Suena muy paradójico, pero, a medida que Ares y Tánatos están peleando para ganar un triunfo guerrillero, Urano está concentrando la fuerza para que la vida venza a la muerte...

No hay comentarios:

Publicar un comentario

EL CORAJE EN EL NIDO

EL CORAJE EN EL NIDO Entre pájaros nulo vuelo mi plumaje no espanta la polvareda de un pasado, hostil y de sabor ahumado. Cielos obtusos, nu...