HOGAR EN PAZ
¿Es un espejismo, es
una transformación en la que fenómenos esotéricos han depositado su granito de
arena para que así se produzca el realce y el reincidir de un pueblo antes
llorón, lastimoso, prácticamente deprimido? Probablemente sí. Mejor dicho, muy
seguro que las personalidades olímpicas han procurado que algo que había
quedado despoblado, desalojado de vidas, en este instante parece atisbar
brotes, tallos, ramas, floración: un paisaje pintoresco que enamora por un
encanto saludable y envidiable.
Tommy, muy sujeto al
tronco de Blackie, se encuentra en un espacio eólico que lo empuja a continuar
viajando hacia el cenit que siempre había soñado. La llave, introducida en el
bolsillo derecho del pantalón rallado del niño, parece que esté volviendo a
chispear luz, pero esta vez es más vaga, no tan resaltante. El amuleto que arrastra
es, en parte, un reloj y un volante que lo dirige hacia el subterráneo plagado
e infectado por pedantes y desnaturalizados ratones.
Por sorpresa, el
viaje acaba siendo rápido y resolutivo. Toda la militancia de roedores queda
bombardeada con la muerte de Tánatos y la guerra acaba por provocar un batallón
entre ellos que los derrumba. Majestad el Rey, los vigilantes, las fortalezas
policiales y el personal de justicia encargado de aplicar leyes penales para
acabar con los animales impostores han quedado embalsamados, como momias que
conservan una estructura corporal endurecida pero que, poco a poco, la luz
solar va deshaciendo sin parar.
El aterrizaje de los
dos únicos supervivientes del condado ha llegado, por fin, a constituirse. Pero
lo que ven es francamente desconcertante: unas praderas en las que toda la
fauna y los residentes humanos están como fusionados en una postura de reverencia
ante Venus. La Diosa viste una mantilla de terciopelo que queda desplegada ante
los ojos de Blackie y Tommy. La dama hace destacar un sonreír que invita a ser
contagiado. Es como si con la extendida del manto, quisiera abrazar todo un
condado que, de manera ecuánime, sintoniza con los seres que lo habitan.
Tommy es el primero
que se da cuenta de que Venus ha cumplido con su palabra y, sin más dilación,
un foco reflectante parecido a un rayo queda disparado hacia el espacio que
ocupa el niño. La llave de oro le es arrebatada, después de que la Diosa extienda
una varita para hacer que ésta regrese al Olimpo.
Tommy, mirando hacia
los costados, ve que las cosas han quedado reconstruidas. En la lejanía, hay
personas que labran, otros campesinos están arando y segando con herramientas
de forma manual y en una distancia más apartada el muchachillo reconoce el
caserón de sus padres. A lo lejos, dos minúsculas figuras que parecen pequeños
puntitos de tinta o manchitas sin rostro ni cuerpo están en un cobertizo donde
realizan actividades de artesanía. ¡No puede ser verdad lo que estoy
sospechando! ¿Serán mis padres? –se pregunta Tommy inducido por un
presentimiento alentador. ¿Qué ha ocurrido en realidad?
Venus, ya poseedora
de la llave, guiña un ojo con un gesto de complicidad, asintiendo con las
preguntas que adivina que el chiquillo se cuestiona sin cesar.
–¡Por fin sois
libres! Urano y Gea han querido conceder una treta a los ratones militantes. A
través de la insistencia de querer la tiranía circular por sus venas, los
Dioses no tuvieron más remedio que llegar a adaptarse a la petición, formulada
con una tozudez implacable.
–¡Es impresionante!
–exclama Tommy –¿O sea que todo estaba planeado desde el principio? ¿Tú sabías
que los ratones serían derrotados después de un motín, producido por la
reivindicación de los derechos de propiedad de un poblado que, en realidad, no
les pertenecía ni mucho menos encajaba con el perfil de intenciones tan
maléficas?
–Exactamente
–responde Venus –Tú mismo has dado con la respuesta. Ahora os dejo para que
disfrutéis del paraíso reparado.
Blackie, por su
parte, sabe que tiene que despedirse de Tommy para acompañar a Venus en un
viaje hacia el Olimpo que no exige regreso a la Tierra. El gato, finalmente, ha
demostrado un coraje extraordinario que no puede relativizarse. Sus grandes
rivales, ratones potenciados en tamaño, con un poder supremo y unas agallas muy
sobresalidas, han sido contraatacados gracias al encantamiento que al felino le
fue cedido por Urano y Gea. Venus ha sido la intermediaria que ha entregado un
artilugio dotado de propiedades extrasensoriales para vencer el Dios de la
Muerte.
Nueva Maryland es una sierra de montañas armónicas que, en la lejanía, albergan la necesidad de recostarse. Los animales se levantan del suelo en el que se habían acurrucado para venerar a Venus después de su aparición, nada fortuita. Mofetas, Zorros, mapaches, ardillas, hurones, caballos, ciervos y cebras forman una combinación de especies que se encuentran en un estado de congenio y compenetración ejemplar. El saludo que dejan emerger al ver a Tommy es indudablemente conmovedor. Se retuercen de alegría, dan saltitos y realizan movimientos acrobáticos para mostrar su reaparición milagrosa en Nueva Maryland. Venus, con un gesto de obligado cumplimiento, indica que Blackie debe abandonar el planeta Tierra. El gato, de un revuelo, se desprende de las manos de Tommy, que lo había achuchado, y claudica ante las indicaciones imperativas de la Diosa.
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