sábado, 16 de mayo de 2026

VACACIONES EN MARCHA


 

VACACIONES EN MARCHA


Tommy imaginaba Nueva Maryland como una tierra beatificada por una pureza contagiosa.

En la habitación, mientras preparaba el equipaje, podía dejar su cerebro desplazarse hacia los paisajes más pintorescos y bucólicos del planeta. Imaginaba a Blackie brincando, posando como si fuera a ser filmado por un cámara regidor en diferentes puntos silvestres de un territorio caracterizado por la espesura de unos bosques gentiles; unos bosques encantados de recibir nuevos visitantes de lugares forasteros, ajenos a las raíces, a la estirpe encadenada por una sucesión genealógica de parientes. Se recreaba en pensamientos que fulminaban escenas casi utópicas, fuera de los dogmas convencionales establecidos ante una convivencia y rutina cotidianas. Toda la sarta de diapositivas enmarcadas hacía, sin lugar a duda, que Nueva Maryland quedara lucida por un encanto embriagador. No era sencillo para el muchachillo poder conectar con el emblema de un paisaje tan etiquetado de embelesamiento y cautividad. Todo tan impoluto, tan simétrico y dotado de un perfeccionamiento casi inaudito, chocante, inconcebible, no podía empujar a Tommy hacia un camino en el que la indiferencia y la frialdad tuvieran algún tipo de vigencia.

Camisetas, camisas, guantes de lana, bermudas, pantalones bombachos, chándales, calcetines de algodón y varios pullovers y jerséis de abrigo estaban siendo depositados en una mochila deportiva. La idea de la familia era estar un par de semanas fuera de la civilización estresante, estrepitosa, aparatosa y a veces irritante. Nueva Maryland ofrecía esa estancia y disfrute gracias a una deslumbrante quietud medio ambiental y una desmedida belleza paisajística, ya que eran factores de fácil alcance. No había efectos condicionantes o preámbulos a tener que cumplir para acceder a un período vacacional irrefrenable. La familia Johnson estaba segura de que había negociado de manera sobresaliente con la pareja que se había ofrecido al intercambio de viviendas. El trámite fue sencillo y los acuerdos pactados muy accesibles y llevadores. Todo el procedimiento parecía tener un encaje no antes premeditado ni analizado con exhaustividad. Los padres de Tommy se merecían una escapada al campo donde las flores, hojas, frutos, bellotas y lepidópteros, como las mariposas y las mantis religiosas, pudieran rendir tributo ante los ojos de una familia obrera, de costumbres más bien ortodoxas.

Aquel día Tim tenía la frente empapada de sudor. Había trabajado duramente para cargar con el furgón que había alquilado y salir de partida a Nueva Maryland. Muchos paquetes, envases y embalajes contenían un cierto peso que, con un verano rebozado por un calor majestuoso, provocaban sulfuramiento y un impregnado en la piel difícil de combatir. Todo parecía listo para poder ser transportado hasta el poblado canadiense ensoñado. Blackie viajaría en el asiento trasero, en un camastro de rejillas de aluminio al lado de Tommy, atado a un cinturón de seguridad. El trayecto de Toronto a Nueva Maryland era largo. La familia había decidido salir a las siete de la mañana para llegar a medianoche del siguiente día. La distancia era perezosa y peleona, ya que muchos desafíos climáticos podían presentarse sin pronóstico medido por un radar meteorológico. Sin embargo, Tim y Katherine, siempre presagiando aconteceres optimistas, veían con buenos ojos hacer un peregrinaje usando un vehículo motorizado propio. Harían, por supuesto, varias paradas en diferentes estaciones de gasolina o áreas de servicio para comer e hidratarse. Todo estaba planificado para la puesta a punto sin retrasos ni retrocesos.

Blackie sería el más afectado por las variaciones térmicas al cruzar el estado de Toronto y atravesarlo hasta hacer ruta directa hacia Nueva Maryland. Todo el paso fronterizo vinculado por la costa podía avecinar precipitaciones inesperadas.

Toronto está atravesada por dos ríos, Humber y Don, además de varios afluentes, con lo cual el índice de humedad es creciente. La época de lluvias, a pesar de un tostado verano, no quedaba descartada bajo ningún concepto. Es más, chaparrones por una congestión de nubes de gran espesor es un hecho protuberante, muy frecuentado.

Tim conducía a una velocidad moderada. Se podía que su táctica frente al volante dejaba reflejar seguridad y buen manejo. Las maniobras que tenía que ejecutar en diferentes encrucijadas delimitadas por la ciudad de Toronto y, giros, que eran obligatorios una vez alcanzada la carretera costera, dejaban boquiabiertos a los acompañantes.

Cada vez el panorama se tornaba más sombrío, mustio y alertado por posibles peligros venideros...

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