CUERPOS SANADOS
Desde Toronto, el
Alcaide agradece a Blackie la hospitalidad y el gesto solidario frente a Zoe y
frente a todos los presentes gracias a la llave de oro que Venus transfirió.
Sin embargo, hay víctimas en peligro y la llave de oro cronometra el tiempo
restante para rescatar a los animales y humanos que se encuentran en
compartimentos comunitarios. Blackie, por su parte, está convencido que ha
recuperado la osadía para que la llave, que le fue cedida a Tommy en su visita
onírica hacia una era nada explorada, ahora ejerce el poderío para guiarlo
hacia el hogar bajo tierra que mantiene clausurados a prisioneros atormentados
e imposibilitados para ser provistos de una libertad integral. El felino está
concentrando los cinco sentidos en la transmisión de información de una llave
que ha sido la clave decisiva para poder poner fin a una infamia y una
injusticia incuestionables. Tommy está bajo un estado de lucidez enfermiza.
Todo su cuerpo ha quedado desplomado por el impacto de una muerte que quería
dejar resurgir el poder suficiente a roedores perniciosos, tóxicos,
terriblemente ponzoñosos. Blackie, por otro lado, sabe que no les sobra tiempo
para volar hacia Nueva Maryland y acudir al rescate de almas en pena,
desoladas, desvalidas y abstraídas en un mundo que ha dejado de pertenecerles.
Con un gesto impetuoso y sin reparo, ordena a Tommy, el Alcaide, la esposa y a
Zoe que regresen con ellos hasta la aldea de origen. El Alcaide, sin embargo,
niega la invitación, ya que, muy en el fondo, se prestó como enviado a la
Tierra para una misión muy específica: hacer converger la diversidad de
especies y acabar con la escisión y la anulación del derecho a la vida
libertina.
–Lo siento Blackie, pero mi acometido termina aquí –dice el Alcaide –yo estoy encarnado como un roedor, pero mi esencia pertenece al Olimpo. En mi vida anterior debo confesarte que había sido un felino, cazador de ratones apilonados en bajos acantilados y corredores enterrados, perfectamente guarecidos para proseguir con la extinción de unos marginados y detestables carroñeros. Pero ahora ya he obedecido como Rey Midas las leyes del Dios Urano, siempre parcial y con una posición dispuesta a compensar a los seres errantes que cometen equivocaciones religiosamente pecaminosas y, por lo tanto, casi imperdonables. Por dicha razón, me despido de vosotros. Con la llave que Venus otorgó a Tommy me fundo en ceniza púrpura que resplandecerá por el plano espacial hasta llegar a la dimensión olímpica.
Entonces es cuando
Zoe pronuncia unas palabras de agradecimiento:
–Me siento
perfectamente recuperada. He sido una niña que padecía un estigma vírico
difícil de vencer, pero vosotros, Blackie y Tommy habéis contribuido a mi
sanación. Me faltan oraciones para poder bendecir vuestra más sincera buena
intención. Ahora tengo unos pulmones y unos bronquios que dejan filtrar
suficientemente oxígeno para procurar una irrigación sanguínea excelente. Los
exiguos recursos que antes poseía se han convertido en una bolsa de valores que
repercuten positivamente mi salud, de modo que no se pueden subestimar. Me
siento feliz, espléndida, dinamizada, radiante. Mil gracias por el encuentro
que al principio parecía fútil e intrascendente.
–No hay de qué –dice
Blackie – estoy al servicio de todos los animales que han sufrido alguna que
otra vejación. Ya sabes que soy el empoderado de un Dios que tiene una
identidad planetaria majestuosa. Urano ha sido mi mentor, un profesor
especializado en educación moralista y siempre dispuesto a crear un clima de
hermandad generalizada entre los mortales
–Gracias, mi
adorable felino –dice Zoe –te pido perdón por haber dudado de ti. Ahora me voy
con una paz renacida, que ha florecido después de una tempestad arrasadora.
–No te esmeres en pronunciar más jactancias
–comenta Blackie –estoy plenamente satisfecho de la confianza que has
depositado en mí para vencer a Tánatos. Ahora me siento como un premiado que ha
quedado finalista después de una gala cinematográfica en Hollywood, llena de
glamur, belleza y carisma.
El tiempo sigue sin
detenerse. La llave empieza a transfigurar el color. Tommy y Blackie ven como
el Alcaide, la esposa y su hija quedan convertidos en puro incienso. El aspecto
transformado de la llave indica que Nueva Maryland puede renacer después de un
final trágico, pero deben apremiarse. En el umbral de una puerta abierta de par
en par y unas ventanas sin cristales, ventiladas por un viento acariciante,
cálido y acogedor, Blackie prepara el motor para ponerlo en marcha e inferir al
vuelo hasta la tierra prometida. Mientras están suspendidos en un aire lleno de
templanza, la llave de oro va oscureciendo gradualmente. Tommy la sostiene en
el bolsillo del uniforme que conserva como presidiario y va viendo cómo se
desfigura por segundos.
–No te preocupes –le
responde Blackie –sé lo que estás pensando, que vamos a morir en el intento,
pero, sencillamente, la realidad desafiará tus proyecciones idílicas.
Disponemos de unos minutos para desatar a la fauna y a la humanidad residente
en el condado donde naciste y te criaste.
–Espero que tengas razón. Estoy aturdido,
obcecado. Me atrevo a decir que casi cegado por un cúmulo de nubes borrascosas,
que no permiten que mi ángulo de visión quede dilatado para concebir tu
afirmación como veraz y comprobable.
Nueva Maryland está quedando alumbrada por una luz que parecía inalcanzable, nada expectante, nada perceptible. El valle, extenso en amplias hectáreas, un territorio uniformado de vegetación y elementos naturales en los que frutos, bellotas y una gama floral muy expandida se empecinaban en existir arrogantes y rollizos, ahora empieza a volver a brillar...
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