LA LLEGADA DE UN RUISEÑOR
Se lo que estás
pensando –dice la Diosa –vas bien encaminado, pero necesitas encontrar un
artilugio que puede acabar con ese encierro masacrado que los roedores pretenden
realizar.
–¿Y Blackie? ¿Qué tiene que ver con todo ello?
–Él es un visitante
encarnado en la Tierra. En realidad, no es un felino ni un mamífero. Es hijo de
la Madre Tierra Gea. Su vinculación con el planeta Urano procede de un nexo
ancestral con el Dios Urano que fue a la vez esposo de Gea en la historia
mitológica griega.
–¿Y los poderes, de dónde radican? –pregunta
el niño con curiosidad.
–El gatito pactó visitar el planeta y
afincarse en Nueva Maryland con un propósito: que tú lo adoptaras para
descubrir qué acuerdos se habían hecho a posteriori con Urano. El cerebro
positrónico de Blackie posee una inteligencia artificial que, con el chip de
platino, puede aproximarse a la inteligencia que se concibe a los humanos,
procedente de las neuronas –responde Venus.
Tommy hace una
recogida de hechos en su casa familiar. El comportamiento anormal de Blackie
frente al hecho de mostrar interacción con juguetes; su temor a ser despiadado;
la falta de coraje hacia su principal fuente alimentaria, los roedores, además
de la repelencia hacia los ruidos estridentes y la necesidad de rendirse, como
los Dioses, a un sueño atemporal. También recuerda el cuerpo engrosado de la
mascota; su disparador de alarma resurgido a través de la frente mientras
dormía; una cola incendiada por un fuego vehemente y la luz destellante que lo
acompañaba. Demasiados ejemplos pragmáticos ponen en evidencia una realidad que
parece hermetizarse, ya que no es hipotética ni presunta. Ahora ya tiene forma.
–¿Y los objetos que aparecen en mi celda como
ángeles caídos del cielo? –inquiere Tommy.
–Blackie, mientras
tú soñabas, podía contactar con Urano en el Olimpo, donde yo me encontraba
sentada en mi trono con un rostro triunfal. A pesar de su aparente debilidad
como ser vivo materializado, podía recibir nuestras señales de información,
reconocerlas y enviarlas en forma de objeto sólido. Y tú, Tommy, eras capaz de
descifrar todo lo que te hemos ofrecido porque eres poseedor de una sapiencia
que Blackie te ha transferido. Él sabía que necesitaba un ser humano que
dispusiese de un sistema límbico, en el que las respuestas emocionales
revelasen los motivos de todas sus vivencias –explica Venus.
–O Sea que Blackie
no puede emocionarse –concluye Tommy.
–No del todo. El gato solamente puede sentir
temor. Es el sentimiento más primitivo que existe en la tierra y el cielo.
Dioses y humanos hemos luchado durante milenios para dejar de acobardarnos ante
batalles sangrantes. Hemos formado clases grupales; nos hemos apiñado para
acabar con injusticias desaprobadas, que casi hacían temblar nuestra integridad
y nos hemos sentido vencidos, aunque siempre hemos querido ensalzar el honor a
nuestra patria, familia, intimidad, autosuficiencia, valerosidad, reputación y,
sobre todo, al existencialismo.
Tommy se siente un
elegido predilecto que no sabe cómo agradecer a Blackie. En realidad, no hacen
falta agradecimientos. La comprensión y la razonabilidad tampoco son factores
que puedan prevalecer como héroes en este viaje inseparable, entre dos seres
que se compenetran y residen por un lazo común: encontrar un arma justiciera
que pueda aceptar a todas las criaturas diferenciables o igualitarias como
miembros de un condado, pueblo o aldea sin ser objeto de repudio ni exponerse
frente a un destino malogrado.
Esta filosofía moral necesita ser protagonizada en un mundo, en el que Tommy y Blackie están prácticamente rozando un estado de liberalismo que puede tener una certeza a la hora de producirse. En términos generales, parece que el imperio que los roedores han construido puede tener un acabose cercano. Un imperio que ha tergiversado el contenido de información además de alterar y distorsionar las intenciones que quieren llevar a cabo hacia sus huéspedes encarcelados. Venus tiene que contar cuál es la clave de su aparición tan deseada para Tommy y, así, el niño poder acceder a la puerta de escape y restitución de todo un pueblo que se ha visto desvanecido.
Las lágrimas de conmoción resbalan a través de las mejillas del muchachillo. En este instante, reconoce que la ley de la causa-efecto ha ido insistiendo en ser cumplida. La mascota es su muleta en la que se apoya para llegar a un sueño que parece eficientemente procreador frente a una llegada de seres autóctonos, que van a volver a encontrar un renacer en Nueva Maryland. Bien visto, Blackie no se puede comparar con una simple muletilla. Es cierto que el niño ha seguido un proceso de experiencias, en las que el gato se ha armado de valor para dejar aflorar confesiones difíciles de asumir. Tommy, por su parte, siempre ha creído en la autenticidad de Blackie. Jamás ha dudado ante la posibilidad de una maquinación, a pesar de ver como los padres se oponían a consentir el prolongamiento de una adopción, para ellos, inadmisible. Siempre quiso ver el misterio que el animalito dejaba resurgir a partir de una maestría cósmica, llena de poderes derivados de una mente maravillosa.
Blackie cabe decir que se ha descrito él mismo como una embarcación en la que Tommy lleva el timón para tomar rumbo hacia un atracamiento en tierra firme. Blackie es, en realidad, una simple brújula que marca la orientación espacial, el eje de un viaje que juntos deben emprender para encontrar un sentido lícito y leal frente a unos invasores que han colonizado una aldea, digna de existir y de ser encomiada. Gracias a Venus, el niño está comenzando a comprender muchos porqués. Todo lo que había parecido como un cúmulo de fenómenos independientes, desenlazados ahora tienen un denominador común: SANOS Y SALVOS. Un eslogan que casi se asemeja a un atributo banal, en el que Tommy ya es capaz de adivinar quienes están encerrados en ese ataúd, simbolizado por una ilustrativa representación plástica...
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