LIBRE ALBEDRÍO
Al mundo comparezco:
un nacimiento carcelario,
un alma en cautiverio,
sin pensar no comprendo.
Intento latir, mas no puedo;
años de obediencia me oprimen.
Los derechos de libertad
se alzan lejanos,
como una pasarela de viaje
hacia la magia de la eternidad.
En repetidas ocasiones
intento renacer,
mas la escarcha del tormento,
instalada se asienta
en un lagrimoso aposento.
Un resquicio se abre,
la luz penetra
por el puente
que une mi cuerpo y mi mente.
La fuerza que late vehemente
por la grieta del encierro
volar hasta el cielo pretende,
con alas sin miedo
que danzarinas se airean,
y el paisaje
sin solera saborean.
Los recuerdos de una niña herida
van apartando mi mirada
de un entorno vejatorio,
siguiendo el cauce de unas aguas
que dejan atrás la tormenta.
Y poder sentir el reflejo
de rayos iluminados
en mi nueva vida,
ya repleta de incentivos
que, presumidos, atisban
en el aquí, su esencia, enamorados.
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