ME CAÍ DE BRUCES
Frágil de alma,
cuerpo malherido,
luces mal enfocadas,
pedestal caído.
Condena persecutoria,
mente de prejuicios,
años con precio sin etiqueta,
manchas en la piel
plagadas de suplicios.
Hogares sin cariño,
¡cuántas lágrimas desparramadas!
infamias desbocadas,
labios sellados,
ojos entornados,
sonrisas despiadadas.
Espacios huecos de pensamiento,
habitación de clausura,
heridas encarnizadas,
reflexiones mundanas,
carentes de cordura.
Alimentos en escasez
pueblan momentos de desidia;
mi mundo, un reducto,
un desperdicio, un conducto,
donde escurridiza me vuelvo,
sin faz, aliento ni voz
hacia un acantilado de ida
que, con retorno,
vagamente recuerdo.
Sangre emponzoñada vierto,
mis venas supuran veneno;
mis ansias de vida
atentan contra mi respiro,
y deambulando me veo
por pasillos de retiro,
frente a un mundo de gloria,
en el que la paz
ya no goza ni es notoria.
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