PIES DESCALZOS
Pañales abrigan mi cuerpo,
vengo al mundo despojada de atuendo;
rostros sin expresión invaden mi presencia,
el calor materno llora
por su más inesperada ausencia.
Pasos ejecuto por un pasillo nauseabundo;
la oscuridad penetra por mis poros,
siento un aliento cerca,
un olor rancio.
Sigilosa camino despacio
hacia mi guarida
desprotegida,
de abrigo, agua amor y comida;
solamente migajas de atención
que atentan contra la calma
de mi más preciado corazón.
El frío cala mis vísceras;
los años pasan
sin un viaje de aventuras
por montañas, valles, mares o lagunas.
Simplemente una mantilla
de llanto desconsolado
deambula por el tiempo de mi vida,
mientras me siento empujada
a asomar la cabeza
hacia un vertiginoso acantilado.
Mi piel supura dolor,
rindo tributo a un honor ausente.
En mi adolescencia siento un vacío,
un calado acuoso sin la esencia del rocío.
Mi cuerpo,
arrugado por el paso del tiempo,
se contempla sin zapatos de oro,
en mi cabaña aletargada,
desprovista del desfile,
en mis sueños,
de una adorable y prodigiosa hada.
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