viernes, 15 de mayo de 2026

TERRENOS ESTÉRILES

 



TERRENOS ESTÉRILES


En Nueva Maryland, tantas noches compartidas con la madre acunándolo, canturreándole nanas con una voz que parecía una suave melodía pegadiza y durmiendo abrazado a diferentes peluches inanimados, que honoraban la riqueza de la diversidad animal del territorio, ahora ya son producto de un recuerdo obsoleto. La obscuridad, tan invasora y penetrante, tan llena de indiferencia, provoca en Tommy la necesidad de ubicarse en el escenario que pisa sin posibilidad de escape. Necesita con urgencia un temporizador, un reloj o algo que lo induzca a identificar el ciclo de vida que está acogiendo el paso del tiempo. Podrían ser las cuatro de la madrugada o las seis de la tarde. En el fondo, que más daría si no fuera que necesita fugarse de inmediato antes de que Majestad el Rey se percate.

Todos los animales, criados en pleno bosque, ahora no tienen forma de continuar con su proceso de supervivencia. Están enterrados en un muro que tiene un hormigón tan consistente que sella el contacto con el mundo exterior. No pueden jadear ni lanzar señales de queja porque se encuentran sublimes y blandos, igual que la espuma caída de una cordillera enmascarada por cúspides de nieve. Tommy imagina la situación y se desespera. ¿Cómo ha sido utilizado para ser boicoteado y torturado en una soledad desconsolada y entristecedora? Ahora, sin embargo, los papeles de interpretación quedan invertidos y vuelcan sobre el niño el compromiso de sabotear el personal comandado por un monarca insultante, tosco y severamente desalmado.

Casi sin reflexionar, se decanta hacia la puerta e inclina la cabeza para asegurarse que el corredor esté libre de control. Las principales cabezas de guardia parecen entumecidas en el grosor de una noche expectante, que no despierta, pero tampoco muere. Está simplemente en vilo permanente, como la galardona de todos los sucesos que se avecinan; una noche que no late ni se inmuta ante el sufrimiento más obsceno y tórrido. Esa noche Tommy la percibe como el final de una paciencia que antes parecía enarbolada; una noche que determinará el destino dentro de una encrucijada, en la que el gato y el muchachillo pretenden reavivar una población, dirigida hacia el olvido más penoso. Tommy desea fervorosamente padecer narcolepsia para tener la oportunidad de contactar con el Olimpo y entablar conversación con Venus. No obstante, se siente más despierto que nunca, reanimado, vívido, imponente. Pero la ignorancia de un tiempo que ya no parece rítmico, acompasado, que avance sin detención lo tiene enloquecido, casi desquiciado.

Como por impulso inconsciente, se acerca a la pared que separa las dos celdas. Pega el oído contra el barrido de pintura, casi desteñida por el óxido y la humedad del recinto, y capta los ronquidos de Blackie. No puede verlo, pero, a pesar de ello, sabe que se encuentra en una fase en que el sueño lo empuja a abandonar el control de una vida ya caducada. Los suspiros, en cambio, invocan una liberación que la obscuridad, tan tenebrosa, no permite divisar. Se suceden lapsus marcados por respiraciones que se interrumpen, se agitan y se ralentizan. El felino se encuentra en un estado de estabilidad mientras Tommy promulga las palabras mágicas con timidez.

El niño comienza el proceso a pesar de estar sacudido por extraños temores que lo proyectan hacia una muerte física. Los roedores no se compadecen ante nadie y cualquier conducta que alborote la plantilla de vigilantes puede ser objeto de ejecución en cadena. Por dicho motivo, la falta de cautela no puede traicionarlo. Necesita respirar y concentrarse en las palabras que la Diosa le ofreció para huir de un subterráneo mugriento, un lugar sin vida per con vidas que necesitan de Blackie para reestructurar un hábitat que ha quedado arrasado, excluido de un mundo rico en naciones, estados, poblaciones, distritos, contados y países que engloban los cinco continentes.

Tommy, con toda la entrega posible, sigue lanzando las palabras que caracterizan poderío y maestría. Blackie, como si estuviera conectado a un marcapasos, tiene alteraciones en su corazón. El niño puede sentirlo. Animal y humano están dentro de una sincronía sensorial que es inevitable para la misión consumada a corto plazo... 

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