viernes, 15 de mayo de 2026

TIEMPO ADORMECIDO

 



TIEMPO ADORMECIDO


Su cabeza salpica la palabra dejando un eco que no puede borrarse ni desvanecerse. Los ojos, como dos farolas relucientes de luz, miran hacia el techo caído y resquebrajado por el paso del tiempo. De golpe y porrazo, casi sin premeditarlo, se siente pegado a un suelo que parece derrumbarse. Es posible que sea una sensación ilusoria, una alarma que no coexiste con una realidad que ha vivido en un escenario paralelo. Pero, no obstante, Tommy sabe que todos los sucesos tienen una analogía sobresaliente. Hay algo en ellos que los aprisiona, como redes yuxtapuestas que han sido tejidas de manera artesanal, en las que los recuerdos no pueden esfumarse de la memoria más latente.

La llave de oro”, se repite una y otra vez sin saber dónde se encuentra apalancada. En cambio, tiene una fórmula que encapsula tres palabras que pueden alterar el orden de un lugar sombrío, en el que el encarcelamiento se dispone a permanecer vigente. El cerebro parece hacerlo derretirse en el más presuntuoso malestar. Tommy preferiría no desclavar enigmas. Preferiría que Venus hubiera conllevado a facilitarle un rescate sin lucha, sin contienda ni una conducta pendenciera. Para el muchachillo es demasiado costoso romper una armadura que ya ha quedado como oxidada. Su cuerpo, tan reblandecido y, a la vez, tan atrofiado por las largas noches que eternizan la agonía de un descanso nada productivo, se ve afectado por el encadenado de experiencias oníricas, que agotan su resistencia y favorecen una exhaustividad difícil de combatir. El Dios del Oro es el poseedor, el artífice de una artimaña que podría acabar con la plaga de ratoncillos exterminadores.  Parece mentira que Midas haya sido responsable de una trama benigna, de un montaje que, muy probable, determinará la supresión de una matanza atroz. Su encarnación que reúne una similitud de rasgos físicos, que encajan con el aspecto de los roedores, no provoca el levantamiento de sospechas ni pensamientos suspicaces entre dicha familia. 

¿Cómo Venus ha podido acercarse a Tommy cuando el niño se creía arrodillado, como un discípulo que ruega ser indultado después de una profanación hacia el templo sagrado? ¿Cómo él ha sido el elegido para cambiar el destino de una localidad que ha oscurecido y se ha fundido en la existencia de unos restos arqueológicos, unas ruinas ya no reconstituyentes? Demasiadas preguntas hierven en el cerebro de un Tommy que, mentalmente, ha madurado. Los disgustos y los fracasos sucedidos en una escala continua han impuesto en el chiquillo un estado de crecimiento intelectual desproporcionado. Es muy posible que Blackie nutra su motor cerebral para ser diestro y poder gozar de una eficiencia desmedida, siempre que necesite atar cabos para dar con las respuestas acertadas. El cuerpo, como flagelado por las amenazas de un Rey, que constituye un autoritarismo repugnante, intenta incorporarse de un suelo que lo apretuja y lo adolece. Va ladeándose y con las manos se da impulso con un empujón brusco, que lo invita a erguirse. 

Una vez levantado, mira a su alrededor lastimoso, patético, asqueado por una penumbra que no cesa, no concluye. Tommy parece que ha perdido la noción del tiempo desde hace semanas. ¿Cómo saber qué hora es? No existen referentes cronológicos que lo puedan orientar. Gradualmente, va recordando las tres palabras que tienen un poder de sanación para proceder a su rescate y al de la fauna local de un condado, por ahora, bombardeado en la nada más fehaciente. Venus, las pronunció con precisión: “Libertad, fraternidad, desarrollo universal”.

Muchos países occidentales e industrializados las han utilizado como himno representativo para liberarse de una esclavitud gubernamental implantada por presidentes tremendamente dictatoriales, en la que el capitalismo y la necesidad de hacer de la producción una propiedad a título privado ha sido un propósito histórico. Tommy, no cabe duda, es un privilegiado. Ha recibido las palabras envueltas en un papel de seda que Venus le ha regalado para ponerlas en práctica. Blackie, por consiguiente, es el destinatario que recibirá el embalaje y podrá reconocerlo utilizando la telekinesia como básico ingrediente. El problema radica en la hora. El transcurso del tiempo es muy relativo. ¿Cómo saber si es medianoche? En realidad, no parece transcurrir ya que todo es pasividad, letargo y retracción... 

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