domingo, 28 de junio de 2026

EL HADA ENCANTADA



EL HADA ENCANTADA


Bellos atuendos

en mi cintura lucen;

brillantinas en mi rostro

presumen de encanto.


Lazos de amistad

acompañan mi velada.

Siento un pálpito fuerte,

un corazón sonriente

que me deja anonadada. 


La fiesta celebra su victoria;

un disfraz se exhibe radiante.

Mi amiga y yo,

cogidas de la mano,

reinamos en el estrado del  hogar

como diosas  de un reino soberano.


Alzó la varita mágica;

un velo camufla la cabeza,

un vestido se despliega a los pies.

Olvidamos las penas,

el peso del antes y del después.


Como niña me siento triunfal;

las preocupaciones se arrinconan.

Un carnaval de pueriles estrellas 

desfila ante mis ojos,

abriendo paso 

a la divinidad mágica,

de un par de centellas.


Las quimeras parecen posibles;

los encantamientos cumplen su ley.

Almas gemelas se funden 

como hadas pletóricas

que tararean el estribillo

 de una pegadiza canción.


Rituales nos acogen,

unen lazos de por vida.

Nos recreamos en el hechizo hasta que la 

magia,

 rendida, se desploma.

Un surrealismo subyacente

se despierta de esos sueños

que el espíritu realza y sostiene.


Quizás el embrujo de las hadas

se aleje de madrugada

hacia lugares recónditos;

quizás una identidad disfrazada

parta hacia nuevos destinos.


Pero los recuerdos de una infancia sagrada

quedarán precintados,

en mi memoria prístina,

como destellos que, con furor,

avivan las imágenes

de una inocencia 

indeleble y consagrada.













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