NO ME OLVIDES
Bosques densos
abrazan nuestra plática;
ecos lejanos se funden
en la quietud de una medianoche dorada.
Siento que pronto acabarán;
esas noches de purpurina
en el aire se desvanecerán,
aunque en mis sueños profundos
volverán a renacer.
Quiero pensar en ti,
en aquel mozuelo que me sonreía,
que me miraba sin juicio,
y con la música serena del presente
en diálogos entonaba
su alma de pura algarabía.
Quisiera creer
en el imposible olvido.
En aquella imagen jovial
de un adolescente,
que me recibía
con los brazos abiertos
y unas palabras coherentes.
No te vayas de mi vera,
acércate a la dicha
de tenerte inmaculado,
día y noche
acompañarás mi tristeza,
hasta que, a tu lado,
se transmute en pura belleza.
Hoy te percibo impoluto;
ese joven que abraza
mis defectos y virtudes.
También te veo distante,
una fría escarcha
se desliza en mi piel rugosa;
he vivido marchita tantos años
en la cruz del dolor en desgarre,
sintiéndome frágil
e inevitablemente cobarde.
¡No te vayas de mi vida!
Todavía primaveras florecen
ante nuestra presencia virgen,
y las rosas aromatizan
aquellas palabras
que al oído me susurras
y que en mi pecho se cobijan.
Un despliegue de fragancias
que nunca deberían extinguirse;
simplemente conservar la llama,
que en el silencio
de una estrellada noche
enciende tu corazón
y me garantiza
que, por siempre jamás,
me recuerdas y me amas.
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