sábado, 4 de julio de 2026

CAPRICHOS DEL DESTINO




CAPRICHOS DEL DESTINO


Una eterna encerrona

acompaña mi velada,

con zapatos sin tacón

y sábanas de lona.


La verja del jardín se jacta;

pasos danzan sobre el pavimento rocoso;

el viento impulsa la marcha bendita

de flores con aroma hipnótico. 


 Un cuerpo se aproxima;

el asiento se enorgullece de su presencia;

reavivada me noto.

Cada noche,

en mis sueños,

buceando en una tímida alegría 

en el vacío floto.


Diálogos se expanden,

suspendidos en el aire;

la estrella del Edén

alumbra, sin atorcha,

mi camino exento

de críticas y desaires.


Redimida,

los pecados arrincono;

fulgores acompañan mi estancia;

el calabozo en palacio se convierte,

y con labios cómplices, 

 en mi oído,

palabras susurran despacio.


Mi mente dispersa

en lucidez se transmuta;

en el dormitorio 

regocijada me aprecio

con un ánimo voraz

y de dicha, sediento.


Un pellizco de vida

por mis venas circula;

siento una sonrisa cercana,

y mi alma, antes entristecida,

se desnuda frente al descontento,

rociada por el frescor

de una renovada algarabía.










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