EL OJO DEL VACÍO
Crepúsculos sagrados;
agua bendita de regadío;
campos fértiles
por el sol, tostados.
Abanicos sin aire,
día y noche,
en aposento a mi lado.
A mi alrededor
la vida desfila
hacia parajes inalcanzables.
Siento el compás de mi latir
sin demasiado porvenir;
simplemente un soplo inercial
hacia un destino fatal.
Una presencia se acerca;
el paisaje es obtuso,
mi mirada perdida
hacia horizontes sin acogida.
Oro hacia mis adentros;
Siento un timbre sonoro:
la llamada a la puerta de socorro
que rescatarme quiere,
de un tormento
que no vive ni muere.
Persecuciones implacables;
pasillos cruzados a tientas;
habitaciones desnudas;
caras hambrientas
con sed de venganza
que ensañarse quieren,
con un cuerpo despojado de atuendo,
que se manifiesta en destemplanza.
Valles mustios se vuelven;
patios cercados muestran su dolor.
Aliento cercano...
un hedor ofensivo
en mi nuca repica,
replegado por un disimulado temblor.
Volando hacia el éter,
un águila rapaz me observa,
apacible y sagaz.
Anuncia un presagio:
una nueva aurora
que el hueco en mi mundo llene,
de sonrisas, antes perdidas,
y de una luz deslumbradora.
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