PERDIENDO LA FE
Caminos abruptos,
andares sin rumbo;
hacia destinos confusos
me dirijo,
con un vacío profundo.
Almas corrosivas
a mi lado por azar aparecen,
arrastrada hacia el infinito
en un jardín repleto
de pétalos marchitos.
Mi piel supura sangre de hielo;
de mis labios brotan gritos de destierro;
mis ojos acechan devenires nefastos;
de mis pies, la huella
de pasos agitados de larga distancia.
En un trayecto a cuestas,
oscilo entre el saber a dónde voy
y la más remota ignorancia.
Las paredes lloran mi llegada;
apartada en un rincón
rostros de ira atisbo.
Vientos lejanos soplan con ahínco;
voces de despecho
en la ingravidez resuenan,
en un corazón
que ya no encuentra alivio.
Es posible que algún día
un mentor me rescate
de un túnel lleno de sombras,
procedentes de un pasado hostil.
El amanecer quizás traiga
un sol resplandeciente
que se muestre sonriente
ante una nueva vida,
marcada de profusos alicientes.
Vacía me siento,
con una mirada incierta;
esas sombras no descienden
hacia tierras forasteras,
en las que liberada me vea
de herméticas fronteras.
Algún día soñaré
con el retorno a la realidad.
Quiero encontrar la fe
que me devuelva una plácida sonrisa,
bajo un cielo azulado
con rayos de luz dorada,
y la placentera caricia
de una apaciguadora brisa.
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