ENCANTOS VÍRGENES
Un día de reverencia;
el sol sonriente presume;
jornada de ensueño
hacia un rincón hogareño.
Telares nebulosos
suplen ojos despiertos;
la velada promete
una sonata de acordes eternos.
Música casi inaudita
inunda mis oídos;
melodía en el trasfondo,
un suspirar de alivio,
sereno y hondo.
Trenzas infantiles
se sacuden en el aire tibio;
abrazos efusivos
acarician mi torso
con su tierno idilio.
Mi fuero interno agradece
palabras inocentes,
esa chispa espontánea
de una niña con los ojos en tierra
y la mente entre el cielo y montaña.
Mis ojos no dan crédito;
la realidad es evidente:
saludos que escapan de lo mundano,
en un entorno jovial y lozano.
La infancia perdida;
por momentos recupero;
esa niña arrolladora,
vivo retrato de mi mentora,
cobija su regazo
con la esperanza
de ver asomar
el despertar de una nueva aurora.
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