martes, 15 de septiembre de 2026

CORTINAS QUE ARDEN

 




CORTINAS QUE ARDEN


Gracia divina

al abandono me muestra;

sin propósito ni meta,

carente de mirada albina.


Un dormitorio me mece;

horas desechadas en los escombros.

La faz de la tierra 

hunde mis logros

entre cortinas de lona

y harapos de algodón,

sin abrigo fecundo.


Un libro tropieza en mi regazo;

colores sin tinta,

trazos caóticos 

en papel reflejan

un sombreado que difumina

momentos de pura dicha.


Figuras humanas contemplo;

fragmentos aislados 

sin encaje abundan.

Por la ventana entreabierta

voces lejanas

en mis sentidos retumban.


Meses de asilo;

un cuerpo extraviado en su rumbo

hacia la estrella triunfal.

Cada paso es en vano

para revertir mi destino fatal.


Cada día un comienzo;

dunas de pensamientos

empolvan mi consciencia.

La soledad me grita en eco:

la calamitosa carencia

de estímulos emotivos.


Maldito sea el fuego,

que chamusca sin compasión;

un demonio

que caldea sed de venganza,

y en mis venas 

de sangre agria

ardientes llamaradas,

crueles,

arremeten con arrogancia.


Enterrada en el camastro,

haces de luz se filtran

 por los cristales

de un indiferente ventanal.


No sé si mi morir será banal,

mas un desenlace augurador

podría consolar

mi camastro que llora

frente a una tristeza colosal.









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