miércoles, 16 de septiembre de 2026

GRACIA DIVINA




 GRACIA DIVINA


Casi rozo el paladar

de sabores dulzones que embriagan;

manejo el volante de la vida,

tenaz y desinhibida.


Me recuesto en el respaldo;

el asiento me acuna;

voces limpias de fondo,

los oídos se afanan.


Calles a mi alrededor;

direcciones transversales;

caminos hacia el Olimpo;

llaves de oro 

que abren el paso 

hacia un paraje boreal e infinito.


Al norte me dirijo;

no sé cuándo ni cómo me despertaré;

quizás la noche 

no vele por mi descanso.

Quizás la realidad sea 

el axioma de mi renacer.

Las aves pian;

los árboles se abanican;

las flores se regocijan

y mis sentidos 

laten en este nuevo atardecer.


Sola o acompañada;

una cierta ceguera me empaña;

la felicidad está ahí,

asomando el brío y la fuerza

de un apetecible festín.


Años de luto han concluído;

la negrura se ha esfumado

hacia horizontes de antaño

que no conllevan cobijo ni amparo.


Alas desplegadas,

el vuelo libertario;

cantos del alma,

 himno de alegria en el alba.


¿Quién estará a mi vera?

¿Será verdad o una quimera?

Mi despertar se apodera

de un realce que sobresale,

aunque no sé todavía

si llega o parte.






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