LA CEGUERA DEL HUMO
La asfixia apremia,
una cuerda mi voz ahorca;
sombras que intimidan,
un suspiro jadeante
que el aire desvanece
sin gravedad flotante.
Carros de fuego arrastro;
viajes sin retorno
a la posada gentil;
tonos descoloridos
que ya no exhiben flores
en cada primavera de abril.
Pupilas adormecidas;
bajos mundos
piso sin pudor;
mejillas enrojecidas
por un llanto de temor
a no volver a sentir latir
mi corazón,
frente a un rebosante amor.
Cargas familiares
joroban mi espalda;
contra viento y marea
lucho con escudo y espada,
para ver mi reflejo
radiante en un podio
de algarabía y festejo.
El espacio reduce mi cuerpo;
escuálido lo vislumbro.
Un aposento con antorcha alumbro,
mas la negrura del entorno
arrolladora se torna,
y con una descarada mueca
me mira indiferente y con sorna.
Camas sin sábanas,
armarios sin vestidos,
cielos con nubes espumosas
y velos tupidos.
Esa quemazón en el cuerpo
no retorna hacia la nada;
rezos en mi mente proclamo
hacia un paraíso de rescate,
donde la humareda se disipe
gracias a la varita
de una milagrosa hada.
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