LO LAMENTO
Alejada de mi estirpe,
lamento una dosis de cariño,
confrontar con mi destino
el retiro de mi vida,
sin aliento y compungida.
Lamento haberme apartado,
no tenerte cerca;
la escarcha de la distancia,
la falta de arrimo,
la frialdad de una primaria lactancia.
Puede que sea un fracaso,
el declive de un abrazo,
aquellas palabras en roce
que se empequeñecen
en la vastedad del horizonte.
Cada día transcurre
lento y tardío;
miro las horas con hastío,
añorando tu compañía
y el aroma fresco
de una madrugada de rocío.
Lamento haber renunciado
a la estrenada luna de miel;
a aquella dulzura de besos
llenos de romanticismo
y una promesa fiel:
fusionarnos en uno,
sintiendo el amor en los surcos de nuestra piel.
Lamento haber callado,
injusticias haber perdonado,
y en el suelo, de rodillas,
en reverencia haber orado.
Un frasco de agua fría,
por mi cara he salpicado...
¿Crees que mis lamentos, en vano,
se desvanecerán en un profundo acantilado?
Quizás esté en lo cierto,
y un relámpago de luz
derrita mis lágrimas
hasta convertirlas en un presente de secano...
¿Pecador o pecado?
Es el dilema
de un Dios de cristal congelado...
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