LA BRÚJULA DEL TIEMPO
Viajo hacia atrás,
cuento las horas tardías,
contemplo mi memoria encorsetada
en un auténtico galimatías.
Pasos lentos voy dando;
no hay caricias en mi piel
solo sienes prietas,
bultos de pura hiel
que amasan mi cabeza
hasta sentirme enredada,
entre las ramas de un florido vergel.
Quiero cambiar mi mundo,
¡Qué añoranza de tesoro!
Todo germinaba,
brotaba mientras me sentía
reposada en un trono.
Una reina de porcelana,
quizás una doncella de cerámica
se recreaba en el estrado.
Mi cuerpo artificioso
de carne y hueso se tornaba
en un presente dorado,
de alquimia bordeando
mi silueta
con un broche de alegría.
El tiempo detenido,
los pájaros aletargados,
el viento enmudecido,
el sol eclipsado,
la luna amamantando la velada
en un verano de temporada;
el presente me devuelve
a mi acogedora posada.
Me miro sin reconocerme,
perdida en un tiempo distante,
congelada al volante
mientras conduzco por una autopista
hacia un cielo despiadado.
Un cielo de rostros avinagrados,
que no me brinda reposo
en este momento
lleno de pliegues de recuerdos,
lejanos, indisolubles
ya totalmente apergaminados.
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