CAVÉ MI TUMBA
Cavé mi tumba;
mis oídos retumban
entre paredes desnudas,
bajo un sol que apenas alumbra.
En la habitación doy leves pasos;
un esqueleto escuálido me sostiene.
La comida desechada permanece;
sin estímulos,
el tiempo acontece.
Cavé mi tumba;
rancios amores se pudren
en el desván de los recuerdos.
Aquellas fotografías amarillas
que un teléfono me ofrece
son como colillas
de antiguos cigarrillos.
Cavé mi tumba sin razón.
La inconsciencia obstruye mi pensamiento;
me falta el sustento
para incorporarme y continuar,
y comerme el mundo de un solo bocado,
con la intención de volver a amar.
En mi cama postrada
cavé mi tumba sin recato.
Recité un mantra al Espíritu Santo
para partir hacia un cielo infernal,
el más temible
y, a la vez, sensato.
Cavé mi tumba.
Unidades de rescate acudieron a mi encuentro.
Meses venideros,
clavada en una cruz,
horizontes de centella
volverían a mi vera.
Años después,
salpicados por una dolencia severa,
llegarían también
con reflejos de una pura
y esperanzadora luz.
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