viernes, 15 de mayo de 2026

DOLENCIAS SOMBRÍAS

 



DOLENCIAS SOMBRÍAS


Blackie, con el detector radiológico cerebral comienza a ponerse en contacto con el habitáculo de la máxima ordenanza penitenciaria. Todo, en el fondo, es bastante ennegrecido, manchado de imágenes que ensombrecen el escenario en el que Blackie pretende entrar en sintonía. Su radar está activado para poder realizar un encuentro con el responsable de la llave de oro a la vez que pretende que el niño pueda releer en su despierto estado, la agravante situación del magistrado. El Alcaide tiene una hija que se asemeja a la edad de Tommy. El gato, con una lectura bastante menguada de claridad, reconoce un dormitorio repleto de ángulos en que posters de personajes de Disney, cómics Manga e ídolos mundiales del fútbol americano avasallan el espacio de cada parte de la pared rectangular. Va repasando con dificultades todo el entorno, en el que hay una cama acolchada con un edredón coloreado de elementos voladores: pájaros, cometas, avionetas, globos aerostáticos y zepelines inundan el material textil de dicha pieza de cobertura. Encima, una niña muy flácida, tiene puesto un termómetro. Está con su madre que le toma la temperatura mientras la niña tose, carraspea, estornuda y lagrimea. Todo es impreciso, pero Blackie y Tommy al fin son espectadores de un suceso que no pasa desapercibido.

El Alcaide bordea el lado opuesto del camastro mientras consuela a la pequeña con una angustia disimulada. La estriñe contra su torso a la vez que la hija lloriquea sin saber qué ocurre con exactitud. Toda la habitación parece temblar por una desgracia nada enmendable.

De repente, Blackie presencia una escena en la que el matrimonio, de apariencia roedora, hablan de retener la medicina. ¡Dios! La llave. Delante del mueble del recibidor se encuentra tendida, en desuso, como si fuera prescindible, cuando, en el fondo, puede tratarse de un potente antiséptico. Los padres parlotean, casi discuten, pero con apacibilidad y pronuncian la palabra pleuritis. Como consecuencia de una neumonía, la niña tiene la cobertura de los pulmones, la pleura, infectada e inflamada. El desarrollo es serio. La respiración es muy insuficiente y el Alcaide está aterrorizado. Su hija berrea sin parar haciendo un llamamiento a su padre, irrumpido por un desesperar constante. La causa de la afección es idiopática, no se conoce el origen, pero parece que la niña es susceptible a experimentar la desgracia de un tumor que podría ser letal. Midas se acerca y le cuenta que la situación está bien controlada y que pronto podrá reponerse.

Blackie continua sin descuidar el escenario que retrata su subconsciente y puede reconocer el nombre de la niña enfermita: Zoe. Su padre, un infiltrado roedor que procede del Olimpo, en la mitología primaria de la Grecia Antigua tuvo una sola hija. Su poder, de una capacidad maximizada, provoca que cualquier fenómeno anómalo sea convertido en oro. En el caso del reino de los homínidos y, posteriormente, los humanos cualquier síntoma que pueda preconcebir un agravio inevitable es restaurado exitosamente. Contrariamente, su hija ha sido sentenciada a no sanar. ¡No es posible que la torpeza haya llamado a las puertas de aquella casa y la escasez para encontrar píldoras, cápsulas, y preparados bebibles como jarabes no tengan la eficacia estimada para terminar con el tormento de la pequeña! El Alcaide, Dios del Oro, empieza a notarse faltado de fuerza energética. El hambre le golpea las paredes del estómago, pero en el momento de la ingestión, siente la boca de éste totalmente sobresaturada. Su inapetencia va en aumento, aunque él sabe que no puede permitirse morir y dejar en orfandad a Zoe...

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