EL DESPLIEGUE DE LAS ALAS
Desde la cárcel,
Tommy va resiguiendo todas las imágenes proyectadas a través del cerebro de su
mascota, quedándose casi parapléjico por el impacto. El niño no está soñando, simplemente
reproduce lo que la mascota le ofrece de manera generosa. El Alcaide está en
apuros. Tommy deduce que puede haber contactado con Venus para entregarle la
llave que podría ser una emulación de algún componente químico o herbal para
fortalecer la salud de Zoe.
Sin esperar novedades
repentinas, la puerta de la celda, como un abracadabra del cuento de Ali Babá y
los cuarenta ladrones, se abre. Las doce en punto. Blackie y Tommy despiertan
bruscamente. Se miran frente a frente ilustrando mentalmente lo que acaban de
experimentar. Tommy corta rotundamente con el silencio. Todo está como fallecido,
hundido por la trágica vivencia del ser que regenta la prisión de condado.
–Blackie, no puedo
abrazarte ni alzar la voz. ¿podemos huir de esta mazmorra de manera acallada?
Tengo muchas cosas que contarte…
–¡Sss! –le
interrumpe Blackie –no te esfuerces porque he seguido todo el progreso de tus
premonitorios sueños. Sé que Venus ha regresado con una propuesta taxativa para
salvarnos y salvar a la población de los sucios y odiosos roedores. Necesitamos
conseguir la llave de oro y también una ruta que nos conduzca al calabozo en
que toda la fauna salvaje está encerrada.
–¿Y de mi familia?
¿Qué se sabe Blackie?
–No tengo claro su
lugar de residencia. Quizás un viento huracanado, en el momento de estallar los
haya desplazado hacia Toronto, Ottawa o Montreal. En cualquier caso, no percibo
la señal de que hayan sido exterminados –confirma Blackie.
–Pero ¿Te has dado cuenta de que el Rey Midas,
según Venus, tiene la llave de Oro? Su hija está gravemente enferma y no la
puede utilizar para curarla.
–Sí, lo sé. Pero ahora lo importante es salir
de este tremendo subterráneo que nos ha consumido desde hace demasiado tiempo.
Antes, sin embargo, tenemos que llegar a la casa del Alcaide y curar a la niña.
Sino los animales y humanos del condado les serán imposibilitado el regreso
–dice Blackie.
–No entiendo –responde Tommy –el Alcaide tiene
el poder para bañar en oro todo lo que se proponga. Al menos Venus me dio a
entender que podía encajar cualquier altercado que conllevase complicaciones
repercutibles.
–Es cierto. Pero gracias a Dios yo tengo unos
dotes sobrenaturales como hijo de Gea y Urano que soy. Ahora ya conoces mi
verdadera identidad. Cuando vine a aparcarme en tierra firme desconocía mi
génesis y mi familia consanguínea más directa. Pero ahora me siento como un
adivino en primicia. Mi falta de coraje ha condicionado las vivencias dentro de
un prolongado intervalo de épocas, entrecruzadas por penalidades que han hecho
fluctuar mi fuero interno. Debo admitir, a pesar de este diluvio de encadenados
desastres, que me ha costado recuperar el valor para enfrentarme a mis principales
reliquias, los roedores.
–¿Intentas decir que
los sueños que he tenido, principalmente, visitas persistentes en el paraíso
olímpico, han forjado en ti una osadía que antes era imposible de reconocer?
–Efectivamente
–responde Blackie con rotundidad – ahora estoy en otra órbita. Me siento
forzudo, más predispuesto a acabar con la tragedia inicua, totalmente propicia
a ser expuesta en un espacio de información emitida por radiodifusión.
–Pero, estamos
hablando de conseguir un decisivo artilugio que debe poner a raya un tremendo
pelotón de ratones que quieren tomar posesión de una aldea, Nueva Maryland, en
que antes un ambiente bohemio, idealista y soñador de prósperas esperanzas se
encontraba en pleno auge.
–Lo sé –dice Blackie –todo se ha transformado
en una especie de embrujo por una plaga de animales con una apetencia
desenfrenada a querer dirigir el condado mediante un adueñamiento irrevocable,
pero tú me vas a ayudar. De hecho, siempre lo has intentado. Eres mi maestro
humano. Me acoges en tu casa, me tiendes la mano para evitar ser sepultado
mediante un homicidio totalmente planeado por los malditos ratones y ahora me
acompañas a cumplir condena, pero sin descuidar el propósito que ambos
compartimos: dejar de ser presos impotentes, salir de este bache socavado,
poder desmelenarnos y llegar a una fusión común para sacar provecho de los
dones que, a través de mis progenitores naturales, he heredado.
–¡Calla un segundo! –dice Tommy –parece que
oigo caer goteras, pero sin dar acierto de donde proceden. Si los ratones han
destruido la capa de ozono, no es demasiado lógico que el agua pueda acarrear
con un regado necesario para recobrar vidas.
–A partir de ahora, vas a presenciar fenómenos
poco explicables pero muy acertados con una realidad donde se disputarán
pequeños batallones que, en estado de rebelión, querrán, de entrada, impedir la
sanación de la pequeña Zoe. Es hora de que partamos hacia la casa del Alcaide.
La salud de la niña está ambulando en su cuerpo como alguien que, con una
embriaguez descontrolada, golpea rincones casi impenetrables. El organismo de
Zoe no da señales de recobramiento sin mi intervención. El momento decisivo ha
llegado por fin, aunque no creo que la conseguida sea un blanco fácil.
–¡Venga! ¡Rápido
Blackie! ¿Puedes alumbrar el corredor para salir de este laberinto enterrado en
las profundidades de una tierra ya esterilizada?
–Claro, fíjate. Mi
cerebro es como un retroproyector luminoso y mis ojos como dos linternas, que
emiten la radiación correspondiente dentro del espacio que debemos recorrer a
pie.
–Una cosa Blackie
–Tommy habla mientras empotra el gatito contra su cuello – Afuera no existe la
gravedad. ¿Cómo andar por un suelo que no ofrece ninguna posibilidad de
sostenimiento?
–Tommy, te veo muy nervioso. Me superas con
creces. Parece mentira, ya que cuando llegué a la era planetaria conocida como
una civilización moderna, llena de seres humanos que, en teoría, mostraban afán
de avance a través de sus arduos esfuerzos por fabricar y construir, yo estaba
lleno de congoja y ahora se invierten los papeles. Me das la impresión de que
estamos frente una tarima en la que parodiamos una notición que la audiencia ha
calificado como revelador. Parecemos un par de actores polifacéticos que
viajamos desde la realidad hasta la ficción y viceversa. Tenemos carisma y unos
ideales que transgreden cualquier signo de moderación y prudencia.
–Quizás haya razón en tus palabras que, en
primera instancia, parecen una gran exageración, pero estoy preocupado por
ambos. ¿Cómo desplazarnos hasta Zoe si no podemos andar, ni reptar, ni saltar,
…
–Pero sí podemos
volar –replica Blackie –quizás no te había confesado que dentro de mi cerebro
tengo un motor de combustión con hélices que van rodando sin cesar mientras
proceso datos intrascendentes o de mayor interés. ¿Te imaginas volando por un
espacio que ya no tiene atmósfera, pero poder inspirar aire renovado gracias a
mi poderoso montaje, casi como salido de un taller de automoción? –ríe el gato
–tú serás el primero que probará el aparente disparate de lanzarse por los
aires con un radar que capta un itinerario y descentraliza todos los obstáculos
para llegar al destino acordado...
No hay comentarios:
Publicar un comentario