viernes, 15 de mayo de 2026

EL DESPLIEGUE DE LAS ALAS




EL DESPLIEGUE DE LAS ALAS


Desde la cárcel, Tommy va resiguiendo todas las imágenes proyectadas a través del cerebro de su mascota, quedándose casi parapléjico por el impacto. El niño no está soñando, simplemente reproduce lo que la mascota le ofrece de manera generosa. El Alcaide está en apuros. Tommy deduce que puede haber contactado con Venus para entregarle la llave que podría ser una emulación de algún componente químico o herbal para fortalecer la salud de Zoe. 

Sin esperar novedades repentinas, la puerta de la celda, como un abracadabra del cuento de Ali Babá y los cuarenta ladrones, se abre. Las doce en punto. Blackie y Tommy despiertan bruscamente. Se miran frente a frente ilustrando mentalmente lo que acaban de experimentar. Tommy corta rotundamente con el silencio. Todo está como fallecido, hundido por la trágica vivencia del ser que regenta la prisión de condado.

–Blackie, no puedo abrazarte ni alzar la voz. ¿podemos huir de esta mazmorra de manera acallada? Tengo muchas cosas que contarte…

–¡Sss! –le interrumpe Blackie –no te esfuerces porque he seguido todo el progreso de tus premonitorios sueños. Sé que Venus ha regresado con una propuesta taxativa para salvarnos y salvar a la población de los sucios y odiosos roedores. Necesitamos conseguir la llave de oro y también una ruta que nos conduzca al calabozo en que toda la fauna salvaje está encerrada.

–¿Y de mi familia? ¿Qué se sabe Blackie?

–No tengo claro su lugar de residencia. Quizás un viento huracanado, en el momento de estallar los haya desplazado hacia Toronto, Ottawa o Montreal. En cualquier caso, no percibo la señal de que hayan sido exterminados –confirma Blackie.

 –Pero ¿Te has dado cuenta de que el Rey Midas, según Venus, tiene la llave de Oro? Su hija está gravemente enferma y no la puede utilizar para curarla.

 –Sí, lo sé. Pero ahora lo importante es salir de este tremendo subterráneo que nos ha consumido desde hace demasiado tiempo. Antes, sin embargo, tenemos que llegar a la casa del Alcaide y curar a la niña. Sino los animales y humanos del condado les serán imposibilitado el regreso –dice Blackie.

 –No entiendo –responde Tommy –el Alcaide tiene el poder para bañar en oro todo lo que se proponga. Al menos Venus me dio a entender que podía encajar cualquier altercado que conllevase complicaciones repercutibles.

 –Es cierto. Pero gracias a Dios yo tengo unos dotes sobrenaturales como hijo de Gea y Urano que soy. Ahora ya conoces mi verdadera identidad. Cuando vine a aparcarme en tierra firme desconocía mi génesis y mi familia consanguínea más directa. Pero ahora me siento como un adivino en primicia. Mi falta de coraje ha condicionado las vivencias dentro de un prolongado intervalo de épocas, entrecruzadas por penalidades que han hecho fluctuar mi fuero interno. Debo admitir, a pesar de este diluvio de encadenados desastres, que me ha costado recuperar el valor para enfrentarme a mis principales reliquias, los roedores.

–¿Intentas decir que los sueños que he tenido, principalmente, visitas persistentes en el paraíso olímpico, han forjado en ti una osadía que antes era imposible de reconocer?

–Efectivamente –responde Blackie con rotundidad – ahora estoy en otra órbita. Me siento forzudo, más predispuesto a acabar con la tragedia inicua, totalmente propicia a ser expuesta en un espacio de información emitida por radiodifusión.

–Pero, estamos hablando de conseguir un decisivo artilugio que debe poner a raya un tremendo pelotón de ratones que quieren tomar posesión de una aldea, Nueva Maryland, en que antes un ambiente bohemio, idealista y soñador de prósperas esperanzas se encontraba en pleno auge.

 –Lo sé –dice Blackie –todo se ha transformado en una especie de embrujo por una plaga de animales con una apetencia desenfrenada a querer dirigir el condado mediante un adueñamiento irrevocable, pero tú me vas a ayudar. De hecho, siempre lo has intentado. Eres mi maestro humano. Me acoges en tu casa, me tiendes la mano para evitar ser sepultado mediante un homicidio totalmente planeado por los malditos ratones y ahora me acompañas a cumplir condena, pero sin descuidar el propósito que ambos compartimos: dejar de ser presos impotentes, salir de este bache socavado, poder desmelenarnos y llegar a una fusión común para sacar provecho de los dones que, a través de mis progenitores naturales, he heredado.

 –¡Calla un segundo! –dice Tommy –parece que oigo caer goteras, pero sin dar acierto de donde proceden. Si los ratones han destruido la capa de ozono, no es demasiado lógico que el agua pueda acarrear con un regado necesario para recobrar vidas.

 –A partir de ahora, vas a presenciar fenómenos poco explicables pero muy acertados con una realidad donde se disputarán pequeños batallones que, en estado de rebelión, querrán, de entrada, impedir la sanación de la pequeña Zoe. Es hora de que partamos hacia la casa del Alcaide. La salud de la niña está ambulando en su cuerpo como alguien que, con una embriaguez descontrolada, golpea rincones casi impenetrables. El organismo de Zoe no da señales de recobramiento sin mi intervención. El momento decisivo ha llegado por fin, aunque no creo que la conseguida sea un blanco fácil.

–¡Venga! ¡Rápido Blackie! ¿Puedes alumbrar el corredor para salir de este laberinto enterrado en las profundidades de una tierra ya esterilizada?

–Claro, fíjate. Mi cerebro es como un retroproyector luminoso y mis ojos como dos linternas, que emiten la radiación correspondiente dentro del espacio que debemos recorrer a pie.

–Una cosa Blackie –Tommy habla mientras empotra el gatito contra su cuello – Afuera no existe la gravedad. ¿Cómo andar por un suelo que no ofrece ninguna posibilidad de sostenimiento?

 –Tommy, te veo muy nervioso. Me superas con creces. Parece mentira, ya que cuando llegué a la era planetaria conocida como una civilización moderna, llena de seres humanos que, en teoría, mostraban afán de avance a través de sus arduos esfuerzos por fabricar y construir, yo estaba lleno de congoja y ahora se invierten los papeles. Me das la impresión de que estamos frente una tarima en la que parodiamos una notición que la audiencia ha calificado como revelador. Parecemos un par de actores polifacéticos que viajamos desde la realidad hasta la ficción y viceversa. Tenemos carisma y unos ideales que transgreden cualquier signo de moderación y prudencia.

 –Quizás haya razón en tus palabras que, en primera instancia, parecen una gran exageración, pero estoy preocupado por ambos. ¿Cómo desplazarnos hasta Zoe si no podemos andar, ni reptar, ni saltar, …

–Pero sí podemos volar –replica Blackie –quizás no te había confesado que dentro de mi cerebro tengo un motor de combustión con hélices que van rodando sin cesar mientras proceso datos intrascendentes o de mayor interés. ¿Te imaginas volando por un espacio que ya no tiene atmósfera, pero poder inspirar aire renovado gracias a mi poderoso montaje, casi como salido de un taller de automoción? –ríe el gato –tú serás el primero que probará el aparente disparate de lanzarse por los aires con un radar que capta un itinerario y descentraliza todos los obstáculos para llegar al destino acordado...

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