LATIDOS DE LIBERTAD
Tommy está casi
salido de sus casillas por un estado alucinatorio que lo desborda. ¿Cómo puede
decir Blackie que volarán como las palomas mensajeras que frecuentaban en la
Edad Media si no tienen esta habilidad anatómicamente impuesta en su ADN? Por
otro lado, ¿Cómo dejarse llevar por un gato que depende de él para ser
sostenido, ya que su volumen corporal es mucho más inferior y decrecido?
–Parece increíble que no hayas entendido el
mecanismo de desplazamiento que utilizaremos. Aunque mi tamaño anatómico sea
mucho más reducido nos podemos sostener en el aire sin problemas. No seré yo quien
conduzca ni motorice la velocidad. Piensa que detrás de mi metabolismo carnal
existe una estructura de piezas bien propulsadas para facilitar el movimiento
de despegue sin que el peso influya. Es más, seguro que cuando salgamos de la mazmorra,
sentirás que, una vez te sostienes en el espacio, libre de rejas, barrotes,
columnas y paredes maestras, la liviandad te acompaña. Pero primero, antes que
nada, debemos topar con las salidas de emergencia que, seguro, serán pequeños
hoyuelos que deberemos atravesar para proceder a un bien imitado aleteo.
–¿Y dónde se hallan? –gime Tommy –aquí todo va
girando en torno a una apatía insoportable. Esta obscuridad es adentradora y
amenaza con retenernos sin posibilidad de negación.
–Espera un momentito –prosigue Blackie –he
visualizado una cavidad detrás del primer compartimento de celda, al principio
del corredor. Mi radar es como un disparador que, en este mismo instante,
parece un chivato empedernido que revela una localización que, posiblemente, de
con la salida más cercana y alcanzable.
–Pero allí se hallan guardianes que están
capoteados por el Rey para no permitir que huyamos de este tétrico lugar
–señala Tommy.
–Tranquilo, que todos han bajado la guardia.
Piensa que son más de las doce y las indicaciones que Venus, mi referente ejemplar
de sabiduría te dio en tus agitados sueños, son totalmente infalibles. Ella
sabía que todos los ratones compinchados para obedecer las reglas de juego de
un Rey, dispuesto a apostar frente a la liquidación de los felinos y ganar el
juego trufado a suertes, no saldría triunfante. Los roedores ignoran que yo soy
portentoso. Ignoran que, en realidad, mi condición de felino es solamente un
caparazón que representa una imagen bien acorazada; una imagen que solo simula
un reflejo completamente falseado. Ellos desconocen la autenticidad que se
esconde bajo un cuerpo que tiende a simular la figura de seres que, desde
tiempos memoriales, han recorrido toda la Sabana africana.
–¿Intentas confirmar que Venus ya tenía
preservado este intento de escape con todas las garantías de fiabilidad?
–Sí, por supuesto.
Urano y Gea son mis padres biológicos que, junto a Venus, llegaron a consensuar
el acometido de un final para nada coincidente con el objetivo de los roedores.
Todo ha sido reprogramado desde el principio para proteger los lugares del
universo. En un primer inicio, estaban sumidos ante una complejidad bastante
atenazadora. Sabían que, si alguien quería asaltar las tierras de lugares, casi
desapercibidos y descuidados por el poco realce y popularidad concedidos,
tendrían que reorganizar nuevas operaciones funcionales que pudiesen, en
esencia, conservar el planeta y, en caso de un estallido impredecible, poder
reciclarlo y pulirlo de nuevo con la intención de salvar a los residentes
respetables y fidedignos. El propósito ha tenido, en cambio, sus contrapartidas
negativas, pero, llegados a este punto, la finalidad alcanza un carácter muy
prometedor.
Blackie y Tommy empiezan a tantear, prácticamente a ciegas, un recorrido que los llevará a un agujero en el que la salida hacia un valle caído, todavía mustio y despedazado tiene lugar. Pero, afortunadamente, disponen de un entramado perfecto para recurrir a la llamada de socorro...
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