EL SENTIDO DE LA JUSTÍCIA
Ahora Blackie tiene
el compromiso de reconducir, como un súbito justiciero al que se le ha
encomendado una costosa pero recompensante labor, acabar con un narcisismo
existencialista y una egolatría que los roedores, en Nueva Maryland, se han
propuesto fundar y perpetrar.
Los dos héroes ven
que las ventanas del edificio, en que el Alcaide reside, están acalladas y
ennegrecidas por un apagón general de luz que decepciona y empobrece los
estímulos. Blackie se acerca sigilosamente al marco ventanal y percibe una
lucecita que está acomodada sobre una mesilla de noche: seguramente Zoe sigue
gravemente aquejada y no puede recostarse ni zarandear el cuerpo por un flaqueo
de fuerzas por ahora irreparable.
Con el radar del
gato, cuyo regulador de volumen es arbitrario, puede encajarlo hacia el
interior de la casa para destapar cualquier conversación, actuación o
incidencia que se presente. Tommy le pregunta:
–¿Qué ocurre?
–No estoy muy
seguro. Veo los padres en la cocina. Están recelosos. En el taquillón del
vestíbulo la llave sigue aguardando impasible, ya que el Alcaide sabe que no
puede utilizarla porque sería probablemente prisionero de Tánatos y acabaría
ahorcado.
–Pero esto que dices
es imposible –revela Tommy.
–No, mi querido muchachillo. El mundo desde
que tiene existencia biológica, el bien y el mal se han disputado, despechado,
contradicho, aunque lo peor de todo es que han creado una polaridad, en la que
la distancia que los separa es infinitesimal.
Ahora en el Olimpo,
el Dios de la Guerra (Ares) i Tánatos (Dios de la Muerte) tienen que
enfrentarse en una cruzada en la que, velozmente, se unirán para llegar hasta
Toronto e impedir el restablecimiento de Zoe que, hasta el día de hoy, había
tenido una vida regalada. Midas se ha sacrificado mucho para obtener unos
bienes patrimoniales caudalosos y satisfacer los deseos de una niña primogénita
que, en el pasado, se regocijaba por ser tan afortunada.
Encarado hacia la
ventana de la habitación tenue, Blackie prosigue con su discurso breve:
–El Rey Midas es la viva estigmatización de
una bondad que no debería desmerecerse. Todo él representa fortuna,
prosperidad, un torrencial desmedido de pertenencias valoradas por un coste de
mercado multimillonario. El secreto de que el Alcaide sea rico, pero a la vez,
humilde reside en su no afán por luchar y fortalecer su estatus de poder a
nivel económico. En la parte más inherente de su ser, detesta ser considerado
como un mito consagrado, una celebridad que ha de aplaudirse por disponer de un
baúl que vierte oro sin continencia ni recato.
De repente, la luz
de la habitación de Zoe se apaga por completo y el edificio queda obscurecido.
Tommy gira la cabeza hacia el cielo que está penumbroso, completamente
indivisible por el contraste de tonalidades cálidas. Blackie, por otro lado,
presiente el aterrizaje de un proyectil que ha sido enviado desde el palacio de
los Dioses. Dicho artefacto se acompaña de una nave que irá acercándose a ellos
a una velocidad muy dispar.
Tommy y Blackie,
arrastrados por las maniobras de un gato con un equipamiento muy bien
motorizado, se sitúan en la entrada de la casa. Sin embargo, el felino le
recalca y enfatiza la necesidad de desaparecer, durante milésimas, en un tiempo
efímero para acceder al recibidor del habitáculo. Sus cuerpos deben estar
licuados, desechos, adoptando una apariencia casi fantasmal para, después, ser
vistos por Midas (Un supuesto Alcaide que dirige una fortaleza penitenciaria
con el pretexto de remitir información al Olimpo sobre las fechorías de los
roedores); unos seres que pretenden erradicar la diversidad racial animal y el
perpetuar humano de un pequeño condado dignificante y ennoblecedor.
Blackie se concentra potencialmente para hacer que su armazón corporal pueda ser penetrado a través de un muro que parece irrompible. Tommy está trémulo. Ha dejado de hablar. Sólo un pensamiento de defunción lo arrastra a retraerse ante la propuesta de su mascota. ¿Como atravesar una pared quedando durante unos segundos invisible, como entelado por un estado en el que la energía más inseparable rige el paso hacia un recinto habitado por seres de aspecto perceptible? Por otra parte, el niño sabe que no puede formular preguntas...
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