HORIZONTES DE ESPERANZA
No teme corresponder
con los ojos ante una entidad en la que el misticismo y, a la vez, el realismo
confluye y mantienen casi la misma relevancia. Esta nueva actitud lo hace
simpatizar con seres extraterrestres. La complicidad y un compartir
bienintencionado son los ingredientes que definen a Tommy como alguien que
solicita ayuda, con una conducta filosófica paciente. “La bella dama pura”
habla por fin, como si estuviera conectada a un megáfono, con un volumen
potenciado.
–Como ya sabrás soy
la Diosa Venus, tu hada madrina. Llámame como quieras. Una damisela que puede
relampaguear en un cielo de nubes y pintarlo de un tono azul resplandeciente; una
diosa que ha convocado un encuentro con el único supuesto ser humano que está
rollizo y orgánicamente compuesto para hacer el bien, que afecta a la humanidad
y a la capa terrestre creada por seres con animales de rango inferior.
Tommy, incrédulo, la
repasa en profundidad, como si fuese un crítico de arte pictórico que, frente a
una galería de cuadros enmarcados, procura exponerlos a un criterio de
valoración numéricamente cuantificada. Es descarado en su escrutinio, lo sabe.
Sin embargo, oye unas palabras que parecen surgidas del eco de su mente o de un
deseo reprimido, atornillado con dureza por unas entrañas devastadas de
sobresaltos, sacudidas, tropiezos y muchísimas dificultades gracias a una cruel
encerrona. Casi no reconoce que tiene
delante la medicina curativa, aquel fármaco que no hubiese podido encontrar solo
en un bálsamo de lágrimas por noches no reparadas, en la nostalgia de un valle
perdido que no tiene garantías de recomposición y en la carencia de recursos
humanos, en los que los hogares y los establecimientos han quedado incinerados,
extinguidos en una nada, avezada a la obscuridad más terrífica.
La diosa, parece
hablar con juicio y propiedad. Parece una fuente que puede hacer recuperar en
Tommy la esperanza de que Blackie, la mascota más enternecedora, tenga coraje
para aplastar a los roedores fetiches. El niño se deja caer en el suelo de una
catedral embaldosada mientras Venus prosigue con el relato:
–Debes estar muy atento a las instrucciones.
De hecho, hay muchas alternativas, pero solamente una solución puede hacer que
el gato que te acompaña en la celda acabe con los guerrilleros insaciables.
Tommy la invita a
continuar con un gesto de cabeza de asentimiento prudente:
–Los ratones son
seres que deberían vivir, pero con un solo lema: que reúnan el mismo decálogo
en el que la igualdad de condiciones dentro de unas normas de convivencia
universalizadas y un acatamiento ante el respeto y la comunión no tengan
límites –prosigue Venus – es cierto que siempre han sido presas de fácil acceso
y se han cometido abusos intolerables que hubieran tenido que ser aplicados por
el derecho penal: exploraciones clínicas, desintegraciones, sometimiento ante
aparatos radioeléctricos de alto voltaje, inyecciones intravenosas y muchas más
atrocidades para poder reparar aquejamientos, dolencias y enfermedades de
trascendencia fatídica en caso de desarrollo. Estas son las razones por las
cuales ahora se encuentran idos por un resentimiento que no se proponen
detener. Ellos, antes de aterrizar en Nueva Maryland, fueron transportados al Olimpo
y se reunieron con Urano para poder ser compensados. Querían, en realidad,
formalizar un pacto para dejar de ser víctimas agónicas y recuperar así un
puesto digno en el globo terráqueo; querían dejar de servir a la sociedad como
pocilgas que solamente causan repeluses y una serie de estereotipos
aborrecedores. Urano se sintió tan presionado ante su demanda que preparó un
caldo especial con Cólchico, una planta parecida al azafrán, cuya fundadora fue
la sacerdotisa Medea, gran conocedora sobre hechicería, que se comunicaba con
los Dioses en una era prehistórica y les otorgaba el permiso para acceder a
preparados para remediar algún contratiempo o caso frustrante y de aspecto
irresoluto. Urano es el Dios que preside la Tierra. La máxima autoridad que tiene
validez y aprobación en el proceder legislativo, jurídico y judicial, en un
mundo en el que los seres carnales tan bien conocéis y aceptáis con simpleza.
La buena noticia es que yo he podido encontrar la forma que se contrapone a
vuestro final trágico. Perteneciendo al Olimpo de los Dioses, tengo una
licencia y un consenso establecido con Urano para sacaros de este meollo tan
desesperante...
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