HUELLAS BORROSAS
Poco a poco, toda la
pared superior va quedando iluminada por una aurora prematura. Fuera, en la
calle que había quedado penumbrosa, ahora provoca el resurgir de un alba, en
primera instancia, introvertida, acallada. Nadie sabe la hora exacta, los días
que han transcurrido, el tiempo biológico que se ha dedicado, pacientemente y
persistentemente, a testificar una batalla declarada.
La luz del sol,
desde un horizonte que denota una perspectiva aplanada, deja sobresalir focos
solares que provocan que los encajes enredados vayan quedando recalentados.
Tánatos empieza a
caldearse por la fuerza del sol hasta que el disparo de la llave de oro, que
deja emerger un rápido pero contundente destello, acaba deshaciendo la forma de
la complexión muerta y encogida por un tamaño diminuto.
Cerca del habitáculo
del Alcaide, un equipo policial de cuatro roedores intenta reseguir huellas,
pasos, rastros marcados a través de las calles que se entrecruzan. Van
husmeando los alrededores sin atinar donde Blackie y Tommy están, sin duda,
bien resguardados. Siguen el camino, ya que, tanteando, intuyen que están cerca
del lugar. La torre centralizada con monitores programados para recibir
información verbal y visual ve cada recoveco del país, poblado de roedores que
intentan entremeterse y fisgonear, interrogando a los habitantes de la ciudad
por si han visto a dos fugitivos con las características físicas que ellos
describen. Desde el Punto de Control, se ha diseñado un retrato robot gracias a
los pixeles que pueden componer dibujos o piezas maestras que muestran rostros,
originalmente, no reconocidos. El problema radica en que los humanos no quieren
cooperar; sienten repudio ante el aspecto aparente de cuerpos humanizados, con
rostros propios de ratones, y rehúyen el interrogatorio.
Las ciudades están,
sin embargo, muy desprovistas de residentes, como si después del asalto en
Nueva Maryland, todo el país hubiese quedado infestado por la manada de
roedores que, tal como lobeznos, envistieron el poblado o una zona de cacería
sin pudor.
Los vigilantes
disimulan discretamente su desplazamiento implacable pero la búsqueda y
encuentro de los fugitivos está siendo en vano. El sol ha hecho redefinir todas
las sutilezas y formas más descaradas de un espacio expandido. Blackie sabe que
el sol ha sido la prueba de que la vida ha podido con la muerte porque su chip
cerebral detecta señales en las que expresiones de júbilo y aplausos revelan un
final completamente digno de complacencia y un rebosar merecedor. Los Dioses
del Olimpo están reunidos y Urano ha querido forzar con la claridad del ocaso
de un sol naciente la gratitud que siente por Blackie y Tommy: dos héroes que,
finalmente, han mostrado un coraje apreciable e inmodificable. Han sido
guerreros magnánimos, que se han visto comprometidos a una expedición hacia
Toronto sabiendo que estaban imputados y amenazados de muerte en caso de un
intento de sabotaje a las autoridades roedoras.
En Nueva Maryland
las cosas no marchan bien. Majestad el Rey está en la sede central de control
para seguir el proceso de las ordenanzas policiales que han recibido
indicaciones estrictamente cumplidoras. Una pantalla tiene fijada la imagen
exclusiva de cada planta del penitenciario, donde se encuentran dos vigilantes
de celda. Las secuencias se suceden y, en un instante inesperado, el Rey ve la
salida de la primera planta en la que estaban Tommy y su mascota: el hoyuelo de
emergencia que tomaron para escapar, pero con un añadido peculiar: un talismán
de seis puntas parecido a un Mandala o al chakra de los mil pétalos que, en
Oriente, los yogistas lo atribuían a una identidad espiritual, está posando en
el suelo, totalmente descuidado.
–¡Por Dios! Detened
esta imagen y aproximarla. ¿Qué significa dicho amuleto? Ordeno contactar con
el vigilante de la primera planta.
El roedor operador
que está manipulando el programa que permite sintonizar con cada escena
reproducida, aproxima la imagen y, con un megáfono, el Rey se comunica con el
guardián:
–Por favor, coge
esta estrella o talismán o lo que sea. Puede aportarnos información relevante.
Necesitamos escrutar y repasar todas las pistas que parece que vienen, en
apariencia, por azar.
–¿Está seguro
Majestad que quiere que lo sostenga? –dice el vigilante –puede que sea un cebo
y seamos víctimas de un altercado.
–Sí, estoy convencido –contesta el Rey –creo
que, si lo contemplamos de cerca, veremos algún factor revelador que nos
ayudará a dar con el Alcaide. No es posible que haya desistido en el proceso de
investigación y decidido traicionar nuestra fidelidad por ser patriarcas de un
pequeño reino en que éramos como la peste entre la antigua población.
La estrella sigue
aguardando ser contemplada. El Rey, atónito y dispuesto a profundizar en la
revelación latente de un símbolo muerto encuentra una carátula que está pegada
en el reverso del amuleto. Al llevar, sin embargo, una lupa de aumento, por
casualidad, le ayuda a vislumbrar unas palabras en las que recae un axioma
indiscutible. Dicho reverso está provisto de un folleto pequeño, que,
desenrollado, unas letras imprimidas marcan la respuesta que hace que el
guardián de celda y Majestad el Rey vean la jugarreta que, desde el inicio de
la aparición de roedores en Nueva Maryland, ha sido puesta en escena. El
folleto está desgastado, parece garabateado y, en primera instancia, cuesta
poder entender el mensaje que proyecta hacia un futuro no resuelto,
completamente enigmático. Sin embargo, la brillantez que desprende cada letra,
cada carácter aparecido hace más inteligible la secuencia de palabras que están
expuestas a viva luz.
Majestad está plasmado, helado por una estupefacción insuperable. El rótulo simplemente indica una revelación: “Nuevo milenio, salvación asegurada”. Esta es la frase de eslogan que se encuentra encerrada en un folleto bien enrollado. ¿Quién, pero puede haber escrito esto? ¿Un individuo mundano y originario del planeta Tierra es capaz de semejante audacia? ¿O quizás es una figura superior la que alerta y advierte que el planeta va a tener un funcionamiento que, desde una logística bien conducida, acabará con los invasores ratones no bien recibidos por el proletariado?
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