viernes, 15 de mayo de 2026

UN PLAN ARTIFICIOSO




UN PLAN ARTIFICIOSO


La hija del Alcaide, completamente cautivada por un mundo de desolación, estará fortalecida por los poderes del gran felino.

Caminan agachados, como si tuvieran miedo a que los cráneos pudieran rozar con algún saliente. El niño lleva a su mascota en brazos mientras Blackie se prepara para poder ponerse en posición de alzar el vuelo. Todo está planeado para que no se produzca ningún incidente fatalista. La obscuridad, desprovista de presentes que atestiguan una huida necesaria, es algo molesta. Tommy teme que, mientras anda gacho con el empeine levantado para no sentir el grosor de los pies, rocosos por un suelo muy desaliñado, será descubierto por el acostumbrado guardián que cruzará la planta para merodear sin cesar. Pero, en este caso, la intuición lo confunde y lo contradice. En ningún momento la aparición de alguna autoridad roedora retiene el emprendimiento intencionado hacia la salida.

Blackie levanta los ojos. Su mirada es como la de un lince que chispea destellantes focos para poder facilitar un avance llevadero, a pesar del espesor de un sombreado inevitable. Ya están prácticamente a diez metros del orificio diminuto que, si no fuera por el motor vehicular de Blackie, éste les adjudicaría el acceso a un hondeado acantilado. El gatito no desconcentra su ejercicio tan bien adiestrado para ser puesto en acción. La vista, como dos lentes de contacto, focalizan el círculo exacto que deben traspasar. Tommy comienza a sentir que el objetivo los llevará a un desenlace, que será premiado por el renacer de un condado que en llamas llora por su apariencia rota, chamuscada, de entrada, incorregible.

De pronto, Tommy advierte a Blackie, sintiendo el corazón contraerse:

 –¿Estás seguro de que podré salir contigo sin dificultad? Mi masa corporal es destacable si establecemos comparaciones. No me veo capaz de cerrar los ojos y navegar por un cielo ya desgarrado de brumas, nubes, claros y una capa nebulosa que se ha estremecido de horror ante un siniestro imperdonable.

–Tommy, escúchame. Estás presenciando lo mismo que yo. Tenemos un radio sobrante para penetrar en el interior del hoyo y despegar. Tu cuerpo no lo sentirás pesado ni cargado por un volumen incompatible. Tu gravedad ha dejado de padecer espacio, forma y color. No mires ni te anticipes al mayor de los desastres. Yo poseo el poder que Urano, mi padre que, con la fuerza añadida de Venus, permiten delegarme la responsabilidad de usar el cuerpo y dejar que la energía despliegue sus alas.

Y, mientras están penetrando por la minúscula abertura, Tommy parece haber dejado de sentir dolencias, pesadez e intranquilidad. Su presencia material está relucida por el fulgor del radar magnético de Blackie. Su posición parece volteada, como si, en vez de planear de frente, fueran a caer en picado, casi en estampida hacia un infinito marcado por abruptas hendiduras. Todos los movimientos se aprecian de manera extraña. En cambio, Tommy procura morderse los labios que apenas lo pellizcan por un temblor y cobardía no arrinconados. Blackie, con un semblante y una voz casi esotéricos, como surgidos de un lugar en el que seres con vida están ya en una dimensión de ultratumba, realiza una predicción:

 –Ahora tenemos que estar preparados para una invasión furtiva. Cuando hayamos avanzado diez manzanas entraremos en la casa del Alcaide.

 –Blackie, Blackie, ¿Quién te reafirma que la vivienda existe? Nueva Maryland ha sido arrastrada hacia el borde del abismo y volcada sin posibilidad de una presunta reposición. ¿Y quién te ha contado que el Alcaide, el Rey que procura dorar todo aquello que toca en un brillo de metal preciado vive en la aldea?

 –Nuestro trayecto ha atravesado unas cuantas poblaciones y él se encuentra en Toronto, una ciudad grande monopolizada por una producción industrial y unos parajes, en los que los ecologistas y los defensores de una sostenibilidad paisajística natural se encargan de su conservación.

 –O sea –dice Tommy meditativamente –cuando el Alcaide se unió al ejército de roedores, según tú, no residía en Nueva Maryland. Era un forastero que apareció casi divinamente para cumplir la función de autoridad suprema e informar al Olimpo de las maniobras, hazañas y trajines llevados a cabo por los ratones.

 –Exacto. Pero no sólo eso. Él debía reemplazar su identidad para llegar a derrocar el Dios de la Muerte, Tánatos. En la mitología griega fue un guerrero que realizaba brutalidades, conductas sacrílegas, blasfemias y agresiones torturantes hacia los Dioses que defendían una vida eterna decente...

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