LUNAS MENGUANTES
Fuera, en Toronto,
el clima se respira muy crispado. La tensión va encrespando a Majestad el Rey y
al equipo de vigilancia, que tiene que coordinar cada cargo de responsabilidad
para prevenir una fuga súbita.
El Consejo Superior
de Justicia ha encargado una brigada policial antidisturbios para poder
examinar escrupulosamente cada esquina del país canadiense. Todas las ciudades
están regidas por una escolta que, apelotonada, se esconde en callejones
solitarios para cazar a Blackie y Tommy, un par de fugados que han desobedecido
las leyes de un gobierno de roedores de carácter masivo.
El Rey, después de
consentir una orden de búsqueda y captura, ha pactado con el Consejero de
Defensa Mayor, un anciano roedor experimentado en tramas expiatorias, una
exploración por las grandes zonas de un país edificado por torres soberbias:
grandes bloques de rascacielos que delimitan el acceso hacia un interior, en el
que muchísima circulación de viandantes y un ir y venir de tráfico condensado
son los protagonistas eximios.
Teniendo en cuenta
que la plaga de ratones está excedida en cantidad, pueden disponer de un
personal de inspección especializado para recorrer la extensión territorial de
un país nórdico. La reproducción de éstos se ha engrandecido en exceso, ya que
han conseguido un apoderamiento colosal en Nueva Maryland, descartando a todas
las especies ajenas a su genética y condición biológica. Están apiñados, muy
bien adoctrinados por Urano, un Dios que no quería que la Tierra quedara
excluida de la biodiversidad animal, pero tuvo que acceder a una propuesta sin
rechistar por una cuestión de honor y merecimiento a reivindicar la libertad de
unos bichos subterráneos.
Ahora, sin embargo,
desde el espacio olímpico, se da cuenta de que ha pecado de bonachón e inocente.
Nueva Maryland se ha convertido en un gueto invadido por ratones ávidos a
querer defender la vida sin avergonzarse de su existencia por ser
anatómicamente simples, escurridizos y repulsivos ante el ojo humano. Pero el
trato ya quedó zanjado, completamente cerrado para que los roedores
establecieran una militancia abierta, congregándose a fuerza de pactos y
alianzas solemnes.
Desde el
compartimento monitorizado por operadores informáticos, que habilitan la
oportunidad de captar señales radiales a variadas distancias, se ve cómo los
roedores, que ambulan por las calles de pueblos y ciudades más vastos, están
acechados a capturar a Blackie y Tommy. El Consejero de Defensa habla con el
Rey para que le explique cómo organizar el despliegue grupal del pelotón militar
que va a detener a este par de insumisos prisioneros:
–Estamos mediante
una emisión vocálica a través de ondas de resonancia a larga distancia,
intentando poner en marcha un allegamiento de fuerzas policiales que puedan
extenderse de manera homogénea por todas las zonas más sospechosas, a fin de
que el gato y su padrino sean pillados y enviados al calabozo de nuevo.
–¿Y cómo va la operación? –inquiere el Rey con
impaciencia –¿Estáis consiguiendo el propósito?
–Sí, pero debemos
someter el equipo militante a un ensayo para que puedan actuar de acuerdo con
las instrucciones.
–¿Y la voz puede
sonorizarse de forma estridente en todos los rincones de Canadá?
–Sí, en principio no
nos ocasiona problemas. El único inconveniente es que perdemos los detalles más
relevantes de la localización de los vigilantes.
–No entiendo, ¿A qué te refieres?
–Las imágenes que
nuestros servidores están captando vienen condicionadas por alguna deficiencia
en claridad, precisión, calidad y ordenamiento. Por alguna razón que tratamos
de reparar perdemos el paradero de los vigilantes alistados y, con ello, la
posibilidad de comunicación para darles pautas.
–Pero esto no puede ocurrir –responde el Rey
–tienen que tomar medidas extremas y eficaces para tener una conexión fiable.
En caso contrario, los prófugos podrían afincarse en un lugar que no fuera
reconocido mediante un proceso cibernético – ¡Dios! Estoy perdiendo la
paciencia y el control de mi comando. Me siento como un estúpido, un bobo, un
torpe monarca que ha traicionado la misión de su fortaleza. Pero debéis actuar
con precaución, efectividad y rigor, ya que el gato, con poderes
extrasensoriales, podría reestablecer un condado destituido en funciones gubernamentales
y carente de recursos industriales y económicos para sobrevivir...
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