viernes, 15 de mayo de 2026

LUNAS MENGUANTES

 


LUNAS MENGUANTES


Fuera, en Toronto, el clima se respira muy crispado. La tensión va encrespando a Majestad el Rey y al equipo de vigilancia, que tiene que coordinar cada cargo de responsabilidad para prevenir una fuga súbita.

El Consejo Superior de Justicia ha encargado una brigada policial antidisturbios para poder examinar escrupulosamente cada esquina del país canadiense. Todas las ciudades están regidas por una escolta que, apelotonada, se esconde en callejones solitarios para cazar a Blackie y Tommy, un par de fugados que han desobedecido las leyes de un gobierno de roedores de carácter masivo.

El Rey, después de consentir una orden de búsqueda y captura, ha pactado con el Consejero de Defensa Mayor, un anciano roedor experimentado en tramas expiatorias, una exploración por las grandes zonas de un país edificado por torres soberbias: grandes bloques de rascacielos que delimitan el acceso hacia un interior, en el que muchísima circulación de viandantes y un ir y venir de tráfico condensado son los protagonistas eximios.

Teniendo en cuenta que la plaga de ratones está excedida en cantidad, pueden disponer de un personal de inspección especializado para recorrer la extensión territorial de un país nórdico. La reproducción de éstos se ha engrandecido en exceso, ya que han conseguido un apoderamiento colosal en Nueva Maryland, descartando a todas las especies ajenas a su genética y condición biológica. Están apiñados, muy bien adoctrinados por Urano, un Dios que no quería que la Tierra quedara excluida de la biodiversidad animal, pero tuvo que acceder a una propuesta sin rechistar por una cuestión de honor y merecimiento a reivindicar la libertad de unos bichos subterráneos.

Ahora, sin embargo, desde el espacio olímpico, se da cuenta de que ha pecado de bonachón e inocente. Nueva Maryland se ha convertido en un gueto invadido por ratones ávidos a querer defender la vida sin avergonzarse de su existencia por ser anatómicamente simples, escurridizos y repulsivos ante el ojo humano. Pero el trato ya quedó zanjado, completamente cerrado para que los roedores establecieran una militancia abierta, congregándose a fuerza de pactos y alianzas solemnes.

Desde el compartimento monitorizado por operadores informáticos, que habilitan la oportunidad de captar señales radiales a variadas distancias, se ve cómo los roedores, que ambulan por las calles de pueblos y ciudades más vastos, están acechados a capturar a Blackie y Tommy. El Consejero de Defensa habla con el Rey para que le explique cómo organizar el despliegue grupal del pelotón militar que va a detener a este par de insumisos prisioneros:

–Estamos mediante una emisión vocálica a través de ondas de resonancia a larga distancia, intentando poner en marcha un allegamiento de fuerzas policiales que puedan extenderse de manera homogénea por todas las zonas más sospechosas, a fin de que el gato y su padrino sean pillados y enviados al calabozo de nuevo.

 –¿Y cómo va la operación? –inquiere el Rey con impaciencia –¿Estáis consiguiendo el propósito?

–Sí, pero debemos someter el equipo militante a un ensayo para que puedan actuar de acuerdo con las instrucciones.

–¿Y la voz puede sonorizarse de forma estridente en todos los rincones de Canadá?

–Sí, en principio no nos ocasiona problemas. El único inconveniente es que perdemos los detalles más relevantes de la localización de los vigilantes.

 –No entiendo, ¿A qué te refieres?

–Las imágenes que nuestros servidores están captando vienen condicionadas por alguna deficiencia en claridad, precisión, calidad y ordenamiento. Por alguna razón que tratamos de reparar perdemos el paradero de los vigilantes alistados y, con ello, la posibilidad de comunicación para darles pautas.

 –Pero esto no puede ocurrir –responde el Rey –tienen que tomar medidas extremas y eficaces para tener una conexión fiable. En caso contrario, los prófugos podrían afincarse en un lugar que no fuera reconocido mediante un proceso cibernético – ¡Dios! Estoy perdiendo la paciencia y el control de mi comando. Me siento como un estúpido, un bobo, un torpe monarca que ha traicionado la misión de su fortaleza. Pero debéis actuar con precaución, efectividad y rigor, ya que el gato, con poderes extrasensoriales, podría reestablecer un condado destituido en funciones gubernamentales y carente de recursos industriales y económicos para sobrevivir...

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