ALMA PERENNE
Esa niña
de rubios tirabuzones,
nace con ojos tiernos
en un aposento inmaculado,
libre de pellizcos y moratones.
La turbia niebla
eclipsa su mirada;
siente la vejez en sus vísceras;
la destemplada luz
la mantiene abandonada,
lejos de su dulce hogar.
Aquellos años apetecibles,
de compañías afables,
residen distantes,
indiferentes y arrogantes.
La habitación solloza a cántaros;
los pájaros vuelan parsimoniosos;
el paraje sombrío se torna,
las paredes contemplan con sorna.
Niña de mis sueños;
nunca rendirte has querido;
el dormitorio te ha cedido
la llave del tesoro
para alquimizar en oro
la sombra del bandido.
Residuos impregnan tu ser;
sientes volver a querer;
mas el tiempo se niega
a dejarte resplandecer
en un paraje de deseos
que anhelas ver cumplidos,
sin lamentos ni jadeos.
De vuelta a la posada,
tus manos la textura reciben
de aquel cálido abrazo
que, generoso, te conduce
hacia un cénit
dorado y mágico.
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