EL MENSAJE
Cartas en blanco;
páginas sin redactar;
letras mudas;
declaraciones sin sentido
en un fabulado altar.
Palabras que no se pronuncian;
gestos que emulan
la turbulencia de los años
gestando frutos
que, sin el brillo del sol,
crecen y maduran.
Eternos embalses;
aguas que no fluyen;
cuerpos que se hunden
y en el desmayo sucumben.
Atisbos de consciencia
frente a ti aparecen;
una grafía, un garabato,
en la superficie de tu mente,
emergen y florecen.
Entre dos mares te encuentras;
divagas y te enfureces.
Necia te has sentido;
antaño simulabas
el papel de un andrajoso mendigo.
Por el mundo viajabas,
sin poder ni expresión;
el lenguaje escaseaba,
la sensatez,
por la ventana del cielo,
retraída, no se reflejaba.
Ahora una chispa de vida
por las venas irradia;
te sumerges en la alegría
de ser alguien valioso,
que descubre un pergamino en su alma
y, rotulado, muestra
la fuente del amor
en una perfecta calma.
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