LA BRISA MATUTINA
regenerando áreas colindantes;
LA BRISA MATUTINA
Dicen que el zodíaco determina y prescribe nuestro carácter innato.
Los estudiosos redactan libros en los que interpretan
astros y descifran su secreto.
Leemos y nos empapamos de información
que nos aporta un sentimiento satisfactorio y grato;
El equilibrio, embarcado en una innata percepción
y un bagaje educacional reunido;
los platillos de la balanza lo anivelan
como las flechas de un arrollador Cupido.
Ojos que perciben el mundo frente a unos preceptos
que proceden de un saber adquirido;
el alcance de la madurez emocional llega
con serenidad y en perfecto sentido.
Y la balanza hace despliegue ante nuestra mirada,
anunciando rasgos de personalidad;
marcan un antes y un después,
siendo cómplice de nuestros aciertos y errores,
con una conducta objetiva y sumamente cortés.
EL RASTRO POR EL MUNDO
Pasos avanzantes vierten en conductos
recuerdos que condicionan nuestra mundana vida;
caminamos, corremos,
exploramos y observamos lo que nos rodea,
procurando no abandonar nuestra obstinada condición humana.
Husmeamos sendas abruptas,
que escalamos casi a ciegas
buscando recoveco y un precinto,
que recalque una identidad ineludible,
con el mundo a nuestros pies,
rendido y redimido,
como un fresco sorbete saboreado,
por un instinto apetitoso y bebible.
Imagen congelada en receptáculos fotográficos,
captan una resaltada sonrisa;
nos retratamos por expertos,
que consiguen enmarcar
nuestra apreciable evolución y la cambiante vejez.
Una marca longeva
bloquea para siempre
hambrunas bocas deseosas por vivir;
esa decisiva diagnosis
desprovista de faz y de tez,
delimita la frontera entre vida y muerte,
con un apagado impulso de agarre
que sujeta la notoria y flamante dejadez.
MIEDO GLACIAL
Años de soledad congénita,
arrastra a los vástagos hacia un pozo de socorro;
momia embalsamada, no se despoja
de esas engrosadas vendas carcelarias;
Gritos ahogados, lloriquean en silencio;
desbordados, formando un eco en corro,
buscando un soporte, un rescate,
frente a tratos inmundos sostenidos
por momentos de un acalorado ataque.
¿Cuánto tiempo transcurrirá hasta que los astros
aposten por nuestra armonía y bienestar?
¿Cuántos monstruos habrá que enfrentar para
poder propagar la enmienda de la espiritualidad,
más aspirada dentro de un acogido hogar?
¿Cuántos quehaceres habrá que encarar,
para poder calibrar el temor
hacia una pérdida irrefutable?
¿Cuántos intentos de coraje se necesitan
para arrastrar y absorber
los impuros actos de la vida,
con un impoluto ocaso venerable?
Un cálido amor puede concluir
con la sensación de un frío aterrador,
dentro de un cuerpo despojado de atuendo;
quizás dentro un año o de un millón,
para alcanzar un amparo
bienvenido y sencillamente acogedor.
LA AMISTAD
Caminamos por un mundo de direcciones que se entrecruzan;
Seguimos avanzando parsimoniosos, deseosos por encontrar
aliados y nuevos compatriotas.
A veces ambulamos sin rumbo como auténticos idiotas;
influídos por el sin saber de nuevos nexos
que alguna vez se desmenuzan.
Animales sociales, estamos dirigidos para interactuar
con lazos amistosos que despunten compañerismo;
Nos asentamos en lugares
para dejar fluir un dialéctico potencial;
sintiendo una punzante sensación
desmantelada de un modo subliminal,
al compenetrarnos con gente,
que deja entrever atisbos de honestidad
y un modélico gesto de altruismo leal.
Nuestro fuero interno se enorgullece con fortaleza;
los amigos, portadores de energía
despiertan la fuente del saber profundo;
platicamos con brío y un fervor creciente,
abriendo de par en par horizontes,
que confirman la necesidad de comunicación
y el espejo-reflejo, repleto de una flamante proeza.
DESPECHO
Fragilidad y aislamiento en nuestro interior,
queremos localizar un sepulcro sagrado,
para enterrar pecaminosos actos,
inculcados sin poder eludirlos.
Estamos solos, desnudos, desterrados
por una sociedad atroz y despiadada.
Hartos de viajar hacia lugares apoteósicos,
no alcanzamos a conseguir un remanso de paz.
Malhechores: gente que vagabundea por el mundo
pisoteando y desacreditando la buena fe,
nos persiguen para degradar la inmaculada integridad.
Ya no hay defensores
que ejecuten actos para potenciar esa merecida felicidad;
la inmundicia social se pronuncia
para potenciar la deslealtad.
No existe armamento ni fuegos posibles
que puedan desintegrar del mundo,
la crudeza y semejante fealdad.
Disponemos de la privada potestad
de incorporarnos de nuestro lecho,
de secarnos las lágrimas,
derramadas con tanto pavor,
y de caminar hacia nuevos senderos
en los que haya una barrera equidistante
entre el pasado de horror y el presente,
abnegado y a menudo simpatizante.
.
Los caprichos del destino, muchas veces aparecidos
de manera inesperada y transformadora.
La paciencia: escudo, poseedor de una sabiduría
inherente en una naturaleza, siempre cíclica y mutante.
CLAN FAMILIAR
Años de oscuridad y un tupido velo desgarrador
ante nuestros ojos, divaga sin pausa.
Portadores de unos genes heredados,
recibimos un adoctrinamiento
de nuestros progenitores que divulgan,
con una boca sellada de indulgencia y compasión.
No existe el apoyo moral. Tampoco la motivación.
Alrededor todo es mustio y emana un hedor
convulso, ofensivo.
Nuestros quehaceres cotidianos, aprendidos
sin instrucciones que precinten virtudes y valores.
¿Cuándo podremos elegir a nuestra familia? Quizás jamás.
Hay teorías que abogan la elección de nuestros padres.
¿Pero dónde se esconde el verdadero axioma?
¿Somos víctimas de víctimas? ¿Responsables de la conducta de nuestra família?
¿Es justícia mostrar la valentía de cuestionar a nuestros mentores?
¿O simplemente rebelarnos frente a su suprema soberanía?
¿Dónde diablos se halla la auténtica y justiciera arma
para poder implorar nuestro honor?
El honor: una palabra respetable.
Un concepto oral íntegro y jamás vulnerable.
Una cualidad introspectiva que nos hace relacionarnos
de una manera imparcial.
Ese implícito deseo,
que todo ser de un desestructurado hogar,
espera con impaciencia poder lograr
en cualquier lugar accesible y permisivo.
ESE INEQUÍVOCO HONOR HACIA LA INTEGRIDAD MÁS APRECIABLE.
LA CÁRCEL
Los errores: signos que requieren rectificación
y un proceso de aprendizaje evolutivo.
Nos elevan como seres vivos
hacia sendas más decentes.
Individuos se hunden en una profunda confusión y desconcierto.
Deliquen sin cesar
por vagos y ordinarios mundos,
sin represalias ni medidas cautelares,
que los encaucen
hacia un camino de autorreflexión conductual.
Las leyes, todas violables, revocables, perdonables,
no contienen cláusulas para convencer a los prisioneros
de no recaer en los mismos ciclos de perdición.
Las autoridades, desposeídas de la enseñanza
del concepto de la ética y de la moralidad.
También, los clanes familiares, los estamentos gubernamentales,
las entidades jurídicas y nuestro entorno social.
Estamos solos ante el peligro
y nos arriesgamos a cometer
actuaciones incautas
que no son evaluadas con un juicioso valor:
se trata del núcleo principal de nuestra enterrada consciencia:
ignorancia, vaguedad, incertidumbre, dudas
y el destierro personal y colectivo
nos empuja hacia comportamientos
detestables y malévolos.
Y el dolor se retuerce por sentirnos extraviados
en un mundo sin sentido.
La clave: Una falta de liberación que expanda nuestro ser,
atrapado en una red tejida de desamor imbuido.
LA MAGIA DEL ZEN
Momentos de regocijo; a veces esporádicos
con frecuencia, dilatados en el tiempo.
La derrota y el fracaso obstaculizan
el ímpetu a poder perpetuarlos.
Sacamos fuerzas de flaqueza;
recreados en las crudas pruebas que la vida
propicia en nuestros caminos.
Nos afligimos, nos acobardamos sin cesar.
Una palabra, un susurro, un ruido acariciante, un libro, una imagen
acostumbra, paradójicamente, a cruzarse en nuestra mano.
Voces ancestrales susurran que tienen el control del secreto del mundo.
La felicidad se fideliza desde los esfínteres de nuestro ser.
Esa felicidad que se forja, se lima y se suaviza,
el dolor la tapia sin dulzura ni paciencia.
Grandes sabios de los latidos del corazón del presente.
Ellos lo saben.
A veces se aposentan, en otras ocasiones están aclamados para emigrar
y propagar el gran mensaje del espíritu de la vida:
el éxtasis de la paz; el orgasmo del placer consagrado
en el reloj atemporal de los siglos venideros.
Grandes mentores del bienestar
solamente persiguen un propósito:
desparasitarse de un pasado
plagado de tormento y de injurias
ES EL ZEN DEL AQUÍ INMORTAL
Lagos abiertos que dejan mella en el alma humana.
Un vacío sientes
y los sentidos se entumecen
por un tímido y latente despertar.
Evitas ese hueco emocional:
lo repudias, lo arrojas de tu ser, peleas,
entras en un pleito que resulta inapelable.
La nada: ese concepto que parece no florecer con razón.
Un discreto dolor, un sentimiento reconocido pero menospreciado.
Un pozo inundado por un mar de lágrimas,
deseosas de poder encontrar consuelo.
Pasadizos subterráneos atraviesas con ímpetu,
sin pensar con una salida por ahora desapercibida.
Una existencia de la realidad difusa;
y presientes que se acerca el final de la partida
frente a la calidez de la vida.
Ya no hay más allá ni más aquí.
Los momentos se recrean lúgubres e insípidos.
Ignoras como endulzarlos y darles un ritmo danzarino,
que vibre al compás de tu presencia.
En cambio, ahí están y te emocionas.
En cambio, ahí te acogen, y te emocionas.
En cambio, ahí te reconocen y te emocionas.
Cumplidos esos anhelos de libertad, antes herméticamente anclados.
Y, al fin, sonríes con un suspiro, llorando.
DESPUÉS DE HOY Consciencia desnuda; habitación en duelo; recuerdos de anhelo, lenguaje de locura. Verborrea sin nombre viaja en el tiempo ...